La quimera de Marta

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Luis Riveros (columnista)


Marta vino desde la lejana Varsovia a estudiar un semestre de economía en Chile. Estudiante de la disciplina en la Universidad de Varsovia, decía que se había sentido atraída por el éxito de la economía chilena, que tan bien sobresalía sobre el resto de Latinoamérica. Buscó muchos antecedentes por medios telemáticos y también se entrevistó con algunos polacos que habían estado temporalmente en Chile. Le atraía el orden y el respeto por las reglas y la institucionalidad. Aunque Chile venía sufriendo de delincuencia y una abundante inmigración de otros países latinoamericanos, eso no había perjudicado el atractivo del país y su marcha ordenada que tanto había sido el sustento para un crecimiento inédito. Comentaba a sus compañeros que la democracia era el capital más importante adquirido por el país, tal y como lo había sido en su natal Polonia después de un duro régimen comunista. Y lo atestiguaba ya como estudiante extranjera del pregrado, donde apreció los movimientos estudiantiles, los procesos eleccionarios y la diversidad de visiones y propuestas existente en el correspondiente centro de alumnos. En suma, sentía que había llegado al lugar correcto de acuerdo a sus expectativas, existiendo como alternativa mucho otros lugares en el mundo posibles para visitar como estudiante.

Sus tiempos de estudio fueron difíciles. Aunque era alumna de primer año y muy inteligente, las exigencias de los estudios eran muy elevadas, y requerían un importante esfuerzo de parte de cada estudiante. Su principal dificultad era el español, que no manejaba totalmente y que era tan distante de su lengua materna, el polaco. Los profesores hicieron excepciones con ella, como por ejemplo poder escribir sus pruebas en inglés, un idioma que manejaba muy bien. Pero igual las lecturas era mayoritariamente en español, al igual que las clases presenciales, algunas de las cuales podían tomarse en inglés. Su perspectiva de estadía era de jun año, y esperaba poder aumentar su inversión al adquirir un manejo adecuado del idioma español. Pensaba, seguramente, que allí podría radicar la oportunidad de desenvolvimiento futuro, una vez que lograra ser economista y pudiese adquirir estudios de graduado. Su relación con los compañeros de curso era muy buena, y ella se destacaba como una persona sencilla, querida y extraordinariamente inteligente. Confesaba que no podía entender el humor chileno, ni lograba descifrar la picardía en bromas y decires.

Su vida sufrió un terrible quiebre a partir del 19 de Octubre de 2019. Había arrendado un departamento en los alrededores de la Plaza Italia, que le gustaba mucho como barrio pues estaba cerca de la Escuela y en medio de la ciudad, donde se podía movilizar fácilmente a cualquier sitio. Los primeros días de protesta fueron más bien tolerables puesto que, como ella relataba, se trataba de una protesta respetuosa del orden público, no agresiva contra los vecinos y solamente bulliciosa por parte de los miles de participantes que clamaban por un cambio en la situación social. Ella misma durante esos primeros dos o tres días, no tuvo problemas para ir a la universidad o salir o entrar de su edificio. Con consternación observó que a los pocos días hubo un cambio en el estilo de las protestas: desaparecieron las familias y personas que se manifestaban pacíficamente, las que fueron reemplazadas por barras bravas, delincuentes comunes y lumpen que acudía desde muchas partes de la ciudad. La protesta social había finalizado, y ahora ocurría una protesta delictual que estaba marcada por gran violencia y un total irrespeto por los residentes del Barrio San Borja. Ya no podía salir de su departamento, y ni siquiera podía ir a la universidad a pocas cuadras; la estación del Metro había sido devastada y todos los locales comerciales del barrio fueron saqueados, destruidos o cerrados forzadamente. Fue agredida en la calle por su aspecto de “gringa”, y tuvo que refugiarse en su departamento con salidas mínimas y contando solamente con la ayuda de vecinos. Sus padres, desesperados en Polonia, se comunicaban con ella e hicieron todo lo posible por obtener su regreso a casa, cosa que ocurrió a comienzos de diciembre.

La historia de Marta es un reflejo crudo de la violencia y de la lógica de destruir para imponer el terror y manejar así la voluntad de las personas. Pero también de las distintas protestas que se han cobijado bajo el incorrecto apelativo de “estallido social”. Martas debe haber dejado de pensar en el Chile al cual llegó y con el cual forjó sus sueños. El recuerdo debe ser solamente el dolor de sentirse amenazada por el hecho de ser habitante de la zona epicentro de las protestas, de los incendios, de la destrucción de hoteles, restaurantes e iglesias. Seguramente eso no estuvo lejos, en su imaginación, del terrible holocausto que sufriera Varsovia en la Segunda Guerra. Allí terminó su quimera, en medio de fogatas, de individuos inexplicablemente enfurecidos, de destrucción de todo lo bueno y bello que alcanzó a apreciar en lo que fue su barrio, y de ese Chile que había admirado.


Prof. Luis A. Riveros