El drama del desempleo

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Luis Riveros (columnista)


El desempleo constituye un serio problema en cualquier época para una sociedad. Es un resultado natural del estrechamiento de la actividad económica, como sucede con la pandemia que actualmente nos afecta y que lleva a un significativo deterioro en materia productiva. Desde luego, las consecuencias inmediatas del desempleo es la caída en el nivel de ingreso, y por lo tanto el efecto que eso tiene en el consumo y el bienestar del hogar y la familia. A nivel agregado, se transforma también en un factor de descenso del PIB. El mecanismo de “despido temporal” que existe desde hace mucho tiempo en los EE.UU. y que en Chile ha debutado con las actuales circunstancias, es un paliativo de mucha efectividad: las personas mantienen su contrato sin trabajar y pueden acceder a un salario que es menor al vigente en cada caso. Con eso, se tiene cierta certidumbre sobre el regreso a trabajar y se minimiza el elimpacto en el nivel de ingreso de las personas. Esto, para aquellos que tienen contrato de trabajo y un empleo formal; pero no hay que desconocer que una alta proporción de la ocupación radica en el llamado “empleo informal” donde no existen contratos laborales, a menudo no hay tampoco prestaciones ni contribución a fondos previsionales o de salud, y es un sector donde prima el autoempleo que permite la subsistencia de las personas. Este sector informal es el que más sufre debido al deterioro en las condiciones económicas prevalecientes: su actividad se reduce en forma significativa junto con el descenso en el ingreso nacional, así llevando a un desempleo visible y numeroso.

Un desempleado se define como aquel que está buscando activamente empleo sin encontrarlo. Incorpora el concepto de cesantía –esto es de quienes han perdido su empleo anterior—y el de los que buscan por primera vez, es decir los que ingresan al mercado laboral. Es usual que el aumento en la cesantía lleva a otros miembros del grupo familiar a buscar también empleo en forma activa, ayudando a multiplicar la tasa de desempleo que fundamentalmente se vincula a la caída que experimenta la ocupación en la economía. Pero están también aquellos que se retiran de la fuerza de trabajo debido a que sus expectativas de encontrar empleo decaen significativamente. Estos son los “trabajadores desalentados”. Por eso, medir el desempleo es una tarea compleja del punto de vista estadístico. Están aquellos que han perdido su ocupación y buscan empleo activamente, se suman los trabajadores adicionales que buscan empleo debido a que un ingreso principal del hogar se ha perdido, y están también aquellos que se retiran de la fuerza de trabajo debido al desaliento que causa la situación económica. Mediciones aparte, la situación es francamente preocupante cuando el desempleo crece en forma importante. Por una parte, porque destruye capital humano debido al deterioro en competencias que causa un desempleo prolongado. Por otra, porque conlleva un sufrimiento social muy importante al postergar a un segmento significativo de la sociedad.

En Chile, el desempleo medido alcanzó 12.2% (Medición Abril-Junio del INE), pero la población fuera de la fuerza de trabajo (trabajadores desalentados) creció un 29,8% (27.7 en caso de los hombres y 33.6% en el caso de mujeres). Además la ocupación en el trimestre Abril-Junio descendió 20%, mientras que los ocupados ausentes (ocupados acogidas al programa de “despido temporal) alcanza a un 18% de los ocupados. Todo esto lleva a que el INE estime la tasa de desempleo total en un 29.8%, la cual seguramente ha vuelto a crecer durante el mes de Julio debido a la profundización de la crisis productiva. Cuando hablamos de una fuerza de trabajo de alrededor de 9 millones de personas, quiere decir que la magnitud del desempleo total es muy significativa, y mucho mayor que el desempleo que se observó en la crisis de los años 80, cuando se hablaba de alrededor de un 25% de desocupación.

Los números acusan una grave situación, que no experimentará un alivio prontamente ni en forma rápida. Por lo tanto, es vital tomar las medidas que fortalezcan el apoyo económico a los desempleados, y que posibiliten la recuperación económica y la inversión que le favorezca. Lo que no parece recomendable en este escenario, es que se promueva una mayor inmigración con fines laborales, porque eso acentuará un problema que ya es grave, y causará un deterioro adicional de los salarios. 


Prof. Luis A. Riveros