Una nueva normalidad

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Luis Riveros (columnista)


La vuelta hacia una cierta “normalidad” ha sido el tópico que ha despertado discusión en días presentes. Recientes informes de entidades de investigación de la mayor seriedad, han indicado que tendremos que seguir conviviendo con la amenaza del COVID19 durante bastante tiempo más. Es decir, no existe ese panorama que imaginábamos al comienzo de esta pesadilla, en orden a que bastarían unos tres o cuatro meses para dar por superada la pandemia y volver a la misma vida de antes. Con el paso del tiempo, y la más abundante investigación sobre el virus y sus mecanismos de propagación, el escenario de vuelta a una normalidad se ha ido prolongando en el tiempo. No sólo eso: también ha cambiado la connotación de lo que esa “normalidad” significará en adelante. Por una parte, persistirá por años la necesidad del distanciamiento social, como una manera de evitar el contagio, así poniendo en cuestionamiento los hábitos sociales ancestrales que practicamos los occidentales, especialmente los latinos. Al mismo tiempo, se insistirá durante muchos meses más, en el uso de la mascarilla y posiblemente de los guantes, para así contener los focos de infección que persistirán. Por supuesto, el hábito de lavado permanente de manos y el uso de productos desinfectantes, como el alcohol gel también permanecerá entre nosotros como un cierto atavismo cultural. O sea, una sociedad que funcionará de manera distinta, quizás haciéndonos más indiferentes y cambiando muchoshábitos relativos a la vida social.

Lo que seguramente no persistirá en esa nueva normalidad es el tipo de noticias que practican ciertos medios, que tratan de buscar los aspectos escandalosos o faranduleros de cualquier hecho relativo al CONAVID19. Simplemente, el virus y su propagación dejarán de ser noticia. Será bueno no seguir viendo matinales con todo tipo de protagonistas que se han ido transformando en epidemiólogos, estadísticos, economistas e historiadores, todo en una simultánea conjunción. También desaparecerán los políticos con delantal blanco o aquellos otros que en función de una declarada búsqueda de mayor bienestar ciudadano, profesionalizan la crítica infundada, hacen propia la no contribución con ideas y propuestas específicas, simplemente tratando de usar esta tragedia mundial y nacional como una forma de acarrear agua a sus desgastados molinos. Frente a estos resultados más bien positivos para una ciudadanía atenta a los desarrollos en torno a los problemas que nos trae la pandemia, hay otros resultado que proyectado en el tiempo será altamente beneficioso. Se trata de una educación que ha aprendido con rapidez acerca del uso de la tecnología comunicacional para llevarse a cabo satisfactoriamente. El uso de las plataformas de enseñanza se ha multiplicado en este breve período de tiempo, abriendo un mundo de nuevas posibilidades para la educación, y es bueno que eso persista para construir una enseñanza semi presencial que constituirá una forma de enriquecer la formación con uso de la tecnología. Hoy contamos, además con un canal educativo, hecho inédito en nuestra historia reciente, lo cual pronostica la posibilidad de una expansión significativa y mejoramiento indiscutible en la calidad de la educación toda.

¡Qué riesgos envuelve potencialmente esta nueva normalidad que se nos acerca? Ciertamente la de ser todavía una sociedad más individualista, protegida de nuestros miedos acerca de una más activa vida social. Una sociedad todavía más dominada por el egoísmo, donde sólo importa el valor del individuo y no del conjunto. Ojala, por otro lado, aprendamos a proteger más lo estrictamente nuestro: el valor de la familia como núcleo esencial de la sociedad, el valor de la solidaridad como una forma de construir una sociedad más humana, y el valor de nuestros ancianos, población que siempre estará bajo una mayor amenaza pero que son los depositarios de nuestra historia y proyección de nuestro presente.



Prof. Luis A. Riveros