¿No más PSU?

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Luis Riveros (columnista)


La rendición de la PSU fue el blanco de ataque en esta oportunidad, y como parte del esquema de protestas y destrucción que se han auspiciado para poner de relieve la problemática social y política. Las víctimas, en esta ocasión, fueron todos los jóvenes que deben rendir esta obligación en el contexto del proceso de postulación y selección a las instituciones de educación superior. En algunas partes se hubo de suspender la aplicación de la prueba, pero todos los niños y jóvenes estaban angustiados por la amenaza inminente de agresión o funa por parte de desconocidos; ello sumado a la natural tensión de un paso fundamental para lo que resta de su vida. En medio de la verdadera locura que se vive en nuestro país, esto pasó a ser casi un detalle, pero que afectó significativamente la vida de muchos y muchas que miraban esperanzados al futuro. Una protesta anarquista, desinformada, ideologizada y tremendamente dañina, especialmente para los jóvenes de menos recursos cuyos colegios fueron preferencialmente atacados. El ”No más PSU” no tiene ninguna propuesta y es un slogan fácil y engañoso.

Se plantea que la PSU es repudiable porque “discrimina”, argumento que contó con el apoyo de personas tan importantes como el Presidente del Senado. Sin embargo, y precisamente, al tratarse de una prueba de selección para nuevos futuros estudiantes de la educación superior, la misma debe discriminar, como lo ha hecho el sistema desde los años cincuenta y sobre la base de distintos instrumentos. Es la misma razón por la que debe existir evaluación en cualquier curso lectivo, porque se necesita discriminar sobre la base del aprendizaje adquirido. El problema en el caso de la PSU no es su carácter de instrumento para la selección sino que la desigual condición en que llegan los estudiantes que deben rendirla. La enfermedad es la desigual educación que le entregamos a estudiantes de distinta situación socio económica, no la prueba que diagnostica la calidad formativa obtenida por cada uno. ¡El termómetro no tiene la culpa de la temperatura, sino la enfermedad!

Durante mucho tiempo, especialistas han establecido que es necesario introducir cambios en la educación general en materia de contenidos, estrategias de enseñanza y formación de profesores. Sobre esto se han dado pasos vacilantes y a menudo erráticos. Han abundado, más bien, los cambios cosméticos y especialmente en el campo de la gestión y las finanzas. Este poco compromiso de la política pública con la educación, seguramente explicado por la lejanía entre los resultados medibles y la adopción de los cambios, explica el rezago en las políticas. No obstante el país ha dirigido más recursos presupuestarios a la educación a lo largo de los últimas décadas, no se han privilegiado los aspectos propiamente educativos. Nuestros políticos han estado siempre en la línea de estimular lo más visible y con alcance de corto plazo, en lugar de alimentar los proyectos nacionales con proyección en la historia.

Un tema aparte es que el instrumento PSU necesita cambios y mejoras, introduciendo otros campos de medición de aptitudes y diversificando su aplicación en función de los distintos campos disciplinarios de interés. Estos estudios se han retrasado muchos años, puesto que están pendientes desde inicios de los años 2000. Asimismo, muchas veces se ha planteado la necesidad de que la misma se aplique en distintas fechas a lo largo del año, y que los estudiantes puedan elegir su mejor puntaje para postular a las carreras, así evitando el innecesario estrés del “DIA DE LA PRUEBA”. Ojalá que la coyuntura de este año impulse los cambios de fondo que necesita nuestra educación y aquellos que tienen que ver con el hasta ahora traumático proceso de postulación y selección. El DEMRE no ha estado a la altura, porque además de las filtraciones detectadas no se anticipó bien a los eventos de fuerza ocurridos, sin contar tampoco con el apoyo indispensable de la seguridad que está a cargo del gobierno.


Prof. Luis A. Riveros