Crónica de una muerte anunciada

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Enrique Goldfarb (columnista)Perteneciendo la Constitución a la más elevada categoría de nuestras leyes, uno se imagina que la violación de ésta debiera ser un crimen atroz, algo que por sí mismo hiciera mucho ruido y resultara evidente. Sin embargo, en todo el tiempo en que se gestó la acusación contra la ministra Cubillos, nunca se supo el porqué. Seguramente el escrito estaba ahí en la Cámara, en los tribunales o en los partidos de oposición, pero si uno no lo buscaba, no lo encontraba. La prensa tampoco lo comentó, aludiendo solamente al acto mismo y si iba o no a encontrar apoyo. Pero los reveladores comentarios de analistas y políticos serios ya anticipaban su destino. 

Solamente después que tal absurdo fuera rechazado en la Cámara, con el concurso de parlamentarios dignos, la prensa sacaba a relucir los susodichos delitos: correos y reuniones con apoderados y enredos administrativos, lo que no daría ni siquiera para un parte municipal.

Si la oposición ya estaba demostrando carencia total de ideas, de programas alternativos y “viables”, de propuestas donde estuviera claro el interés por el país y por su gente, esto representó un broche de oro: logró cuadrar a gran parte de la Cámara opositora, PPD, PS, Frente Amplio, el PC con pancartas incluidas, en una iniciativa que lo único que perseguía era molestar, dar un paso más en la destrucción de la institucionalidad y del sector educacional, y de paso, dejar bloqueada por 5 años a una mujer excepcional como es Marcela Cubillos.

Por esos rasgos de su perfil y por representar una coalición carente de Norte, lleno de gente incompetente en todas las áreas, salvo las del marketing político, con este acto vienen a demostrar que su posible elección es un grave peligro para Chile. Comenzando con los inversionistas extranjeros, que verían un país manejado por esta gente, y por otra parte profundizando las tonteras que dejó la administración anterior. 


Enrique Goldfarb