B. Central: decisión de recortar en 50 puntos la tasa de interés fue unánime en RPM de Septiembre

|

Consejo

El Consejo del Banco Central votó por la unanimidad de sus miembros por recortar en 50 puntos base a 2% la tasa de interés durante la reunión ce política monetaria celebrada este mes. Así lo consigna la minuta de tal sesión publicada este lunes por el ente emisor. Además, en la oportunidad concordaron en que se podría requerir una ampliación del estímulo monetario, lo que sería evaluado en las próximas Reuniones a la luz de la evolución del escenario macroeconómico.

De acuerdo al documento, hubo acuerdo entre los Consejeros que esta decisión era plenamente coherente con el análisis del IPoM, que arrojaba la necesidad de ampliar el estímulo monetario para asegurar la convergencia de la inflación. Al mismo tiempo, más allá de la magnitud del movimiento en esta Reunión, era un cambio coherente con las expectativas de mercado, que también anticipaban la necesidad de reducir la TPM. Por último, los Consejeros coincidieron en que una reducción de 50pb los dejaba en una posición más cómoda para evaluar el impulso monetario que se necesitaría en adelante.

Un Consejero estimó que, en ciertos aspectos, la opción de bajar 25pb se imponía a la de bajar 50pb. A su juicio, los grados de incertidumbre eran importantes, y así como no podían descartarse escenarios más negativos, tampoco era posible descartar escenarios más positivos. En su opinión, la necesidad de rebajar la TPM con tanta premura se matizaba, porque la inflación había comenzado a subir hacia la meta y el saldo de la cuenta corriente medido a precios de tendencia era elevado. Se agregaba que la probabilidad de un escenario algo mejor no era despreciable. La persistencia de la debilidad del consumo podría desaparecer por el efecto de las mejores condiciones financieras, por el impacto de una masa salarial que crecía algo más que el consumo o por el probable aumento del consumo de los inmigrantes, una vez que comenzaran a consolidar su inserción laboral en Chile. Algo similar podría ocurrir con la inversión, pues los antecedentes que brindaba el catastro de la Corporación de Bienes de Capital habían tendido a reforzar la idea de un mayor dinamismo de la inversión.

A su vez, todos los Consejeros coincidieron en que dado que no había dudas de la necesidad de rebajar la TPM, la decisión pasaba más bien por aspectos tácticos y comunicacionales. Al respecto, todos los Consejeros concordaron en que la opción de bajar 75pb era compleja. Si se hacía con un sesgo neutro, se darían señales de certezas respecto de cuál era la magnitud efectiva del impulso monetario requerido, las que parecían incompatibles con los riesgos a la baja del escenario base. Varios Consejeros agregaron que una decisión de este tipo corría el riesgo de generar interpretaciones polares: o bien podía transmitir un grado irreal de certeza en las proyecciones y decisiones del Consejo, o bien podía generar mayor incertidumbre, al alimentar interpretaciones de un grado mayor de vulnerabilidad de la economía chilena que la correspondiente. Esta última visión podría exacerbarse si se tomaba la decisión de reducir 75pb con sesgo a la baja.

Parte importante del cambio en el escenario macroeconómico se debía a la evolución del escenario externo, donde las tensiones comerciales habían aumentado la incertidumbre global, el crecimiento se había desacelerado en distintos países y los volúmenes de comercio habían descendido. La persistencia y creciente complejidad de los conflictos, así como el predominio de un mayor pesimismo en los mercados, hacían prever que el impulso externo en lo que restaba del año y buena parte del 2020 sería bastante inferior al considerado en el IPoM de junio.

Por su parte, en el segundo trimestre la actividad y la demanda interna habían crecido por debajo de lo esperado. Si bien parte de ello se había debido a factores puntuales en algunos sectores, destacaba el menor avance del consumo y un deterioro de sus fundamentos, incluyendo el menor dinamismo del empleo asalariado privado y expectativas de consumidores que habían retrocedido respecto de comienzos de año. Si bien la inversión se mostraba algo más dinámica en el margen, ello se asociaba principalmente a los grandes proyectos mineros, mientras que el deterioro de las expectativas empresariales, la depreciación del peso y el mal desempeño de la bolsa llevaban a anticipar un crecimiento menor que el considerado previamente para este componente del gasto para el resto del año. Con ello, las mayores tasas de crecimiento del segundo semestre se darían principalmente por las bajas bases de comparación de 2018, y no por una reaceleración relevante de la economía. Esto implicaba una brecha de actividad que permanecía abierta por más tiempo. Todo esto ocurría en un contexto en que la inflación total y subyacente seguía en niveles reducidos, en particular en su componente más ligado a dichas holguras.