Facebook y nuestra libertad

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Alfredo Barriga 2 (columnista)


Esta semana la multa a Facebook fue noticia, ampliamente comentada en los medios de comunicación. Recomiendo un documental en Netflix que se llama “No hay privacidad” (“The Big Hack” en inglés). Termina con una charla TED de la periodista que investigó el escándalo a “los dioses de Sillicon Valley” (Mark Zuckenberg, Larry Page y Sergei Brin (Google), Tom Dorsey (Twitter), etc). Les dice que lo que armaron era para unir a la gente, y lo que está sucediendo – que es más grande que todos ellos – es que puede desunirla. Se pregunta si después de esto podrá haber una elección libre otra vez. Quizá suene exagerado, pero es un escenario posible.

El negocio de las redes sociales no es la manipulación de la gente, sino la publicidad. Gracias a toda la información que recogen de cada uno de sus usuarios, y apoyándose en algoritmos de inteligencia artificial, son capaces de establecer patrones de comportamiento de las personas que ni ellas mismas son conscientes de tener. En base a esto, pueden tomar acciones para cambiar los comportamientos. No a todos, sino a los que identifican como “influenciables”. Luego generan múltiples “microcampañas” orientadas a los distintos segmentos elegidos, buscando identificarlos con los mensajes enviados. A modo de ejemplo, en la última campaña presidencial de Estados Unidos Hillary Clinton compró 66.000 anuncios en Facebook, versus 5,9 millones por parte de la campaña de Trump. Y la diferencia cambió la historia.

¿Qué hacer ante esto? Legislar puede ayudar a paliar el problema, pero no lo va a resolver. La respuesta está en la educación. Educación que parte por uno mismo y - en el caso de los niños – por los padres. Educación que, en primer lugar, supone tomar conciencia del fenómeno y, en segundo lugar, tomar acciones para fortalecer la propia identidad, de forma que sepamos identificar y responder ante los mensajes que recibimos. Ejercicio que nos va a hacer desarrollar una de las habilidades clave para esta era: el pensamiento crítico. De esta forma transformamos una amenaza en una oportunidad, y convertimos una debilidad en fortaleza.

Si todas las personas que usan redes sociales desarrollan su pensamiento crítico, tendremos una humanidad más empoderada, más exigente, más clara en sus derechos y obligaciones, con un mayor sentido de su sentido en la vida (valga la redundancia). Y tendremos a personas mejor preparadas para vivir en medio de la sociedad que está emergiendo, a la que ninguna fuerza política podrá domeñar si ésta no lo quiere. Como decía muy bien Carole Cadwalladr en TED, “Uds. deben decidir lo que quieren hacer de sus vidas: si quieren adormecer sus conciencias a cambio de usar gratis sus plataformas de conexión o usar las mismas plataformas para fortalecer sus conciencias, y actuar” (la traducción no es literal).

Siempre las grandes amenazas pueden ser transformadas en grandes oportunidades, de donde salir más fortalecidos como sociedad y como personas. Hagamos esa realidad actuando cada uno en su propio ambiente. No dejemos esa responsabilidad al gobierno de turno. Se trata de nuestras vidas.


Alfredo Barriga Cifuentes

Ex Secretario Ejecutivo de Desarrollo Digital

Autor de “Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida”, publicado en Amazon.com

Profesor UDP