Mario Astorga



Mario Astorga

La constatación de la infidelidad política de los ciudadanos y la necesidad de mayor plazo para definir políticas públicas genera un clima donde se hace prácticamente inviable establecer estrategias de desarrollo de largo plazo para Chile, a pesar que habemos Grandes Mayorías que estamos de acuerdo en muchas cosas.

-Los cambios tecnológicos, valóricos y sociales no son novedad en la historia, pero hoy ocurren con una vertiginosidad alucinante e influyen en la diáspora de los partidos políticos por su dificultad para comprender los cambios y aglutinar a sus líderes en posiciones similares frente a ellos, lo que se manifiesta en abstención como un rechazo a la débil coherencia de los movimientos y partidos entre sus ideologías, discursos y acciones.

-Ello junto a las RRSS y su capacidad de influir en conductas a pesar de que muchas veces parten de premisas sin evidencia, entre otras causas, instalan en el sistema político dos desafíos centrales. Por una parte, emerge un nuevo ciudadano, posiblemente mayoritario, que no es cooptado sistemáticamente por ningún partido ni movimiento y que provocará alternancia sistemática en las estructuras de poder.

-Por otra, comienza a aumentar la conciencia que las políticas públicas, necesarias para alcanzar el desarrollo nacional, son multifuncionales, complejas y deben ser concebidas para ejecutarse en un mediano y largo plazo y no en el horizonte de los cuatro años de un gobierno. ¿Cómo resolver alternancia y largo plazo?

Solo les pido un juicio justo al Papa Francisco, quien como todos saben viene en dos calidades: como Jefe de un Estado que tiene varios miles de millones de “ciudadanos” repartidos por el mundo, y que recibe el tratamiento acorde a su rango; y como Jefe de la Iglesia Católica es el pastor de una institución espiritual que muchos definen no necesitar, pero que es importante para varios millones de chilenos y esos millones merecen respeto a la fe en que creen.