​Avances en infraestructura para el comercio exterior

|

Oscar Figueroa (2)

Las ventajas de nuestro país en el comercio exterior se relacionan con la eficiencia, velocidad y seguridad del traslado terrestre hasta los puertos de embarque. En ese marco, cobra valor el avance de las obras de la Ruta 66 -conocida como la Ruta de la Fruta- que registra un 80% de avance físico en el tramo de 15 kilómetros entre Santo Domingo y San Antonio, un hito de relevancia económica y logística. El proyecto completo culminará sus obras en 2030.


La iniciativa -impulsada por la vía de las concesiones por el Ministerio de Obras Públicas (MOP)-, contempla una inversión que bordea los US$ 632 millones, para la modernización, ampliación y conservación de un trazado de 141 kilómetros, conectando directamente a las comunas de la Región de O’Higgins con el Puerto de San Antonio.


El tramo es crucial al empalmar la Ruta 66 con la Ruta 78 y el nodo portuario, articulando obras clave como el nuevo puente Lo Gallardo. Las autoridades proyectan su habilitación provisoria para 2028.


El Puerto de San Antonio es la principal puerta de salida marítima para los envíos agrícolas de la macrozona central. Sin embargo, durante décadas, la obsolescencia de la infraestructura vial convirtió a la Ruta 66 en un cuello de botella logístico marcado por la alta congestión, demoras operativas y una preocupante tasa de accidentabilidad.


La finalización de este nuevo trazado aportará beneficios sustanciales para la cadena logística de exportación. Al segregar el flujo pesado del tráfico urbano residencial en Santo Domingo y San Antonio, los camiones lograrán tiempos de ciclo más previsibles reduciendo los tiempos de traslado hacia la Región Metropolitana. 


Al mismo tiempo, la obra fortalece la seguridad vial comunitaria e industrial, reordenando la convivencia entre el transporte pesado y las comunidades locales del litoral para disminuir radicalmente los riesgos de accidentes en sectores urbanos.


La concreción de esta Ruta de la Fruta reafirma que la competitividad exterior del país exige mirar la cadena logística de forma integral. De nada sirve contar con terminales portuarios capaces de transferir millones de toneladas anuales si el acceso terrestre permanece detenido.


Garantizar carreteras de estándar internacional, con dobles calzadas, mejoramiento de estructuras y pavimentos existentes, terceras pistas en tramos específicos, obras de saneamiento, señalización y seguridad vial, iluminación, pasarelas, paraderos, entre otros, son una condición habilitante para sostener el crecimiento económico del país durante las próximas décadas. 


El avance de esta arteria demuestra que la alianza público-privada en infraestructura sigue siendo la herramienta más eficaz para pavimentar el futuro del comercio exterior chileno.


Oscar Figueroa

Académico Instituto Estudios Urbanos PUC

Comité logística

Consejo de Políticas de Infraestructura

europapress