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Oscar Figueroa |
Las ventajas de nuestro país en el comercio exterior se relacionan con la eficiencia, velocidad y seguridad del traslado terrestre hasta los puertos de embarque. En ese marco, cobra valor el avance de las obras de la Ruta 66 -conocida como la Ruta de la Fruta- que registra un 80% de avance físico en el tramo de 15 kilómetros entre Santo Domingo y San Antonio, un hito de relevancia económica y logística. El proyecto completo culminará sus obras en 2030.
En el escenario económico global, la reconfiguración de las rutas logísticas y el acceso eficiente a los mercados constituyen variables críticas para el desarrollo de América Latina. En este contexto, el proyecto del Corredor Bioceánico que conecta la Región del Biobío con la Provincia de Neuquén, en Argentina, es un imperativo económico clave. Este eje transversal no solo promete redefinir la conectividad territorial entre ambas naciones, sino que se erige como una plataforma para la activación del comercio exterior.
Los corredores bioceánicos están dando que hablar en el país. Nuestra geografía representa una importante oportunidad para intensificar relaciones comerciales con el Asia-Pacífico, ofreciendo auspiciosas condiciones para la conexión con los países del Atlántico.
El Metro de Santiago, una red de transporte urbano mayoritariamente subterránea, que se extiende por casi 150 kilómetros representa una de las obras más emblemáticas e importantes en la ciudad, pero el mismo tiempo, también un ejemplo de planificación y constancia.