​¿Jubilarse o seguir activos? El nuevo desafío después de los 60

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Mariu0301a Elena Undurraga

Cumplir 60 años ya no significa necesariamente entrar en una etapa de retiro o dejar atrás la vida activa. Para muchas personas, esa edad marca el comienzo de una nueva etapa: algunas continúan trabajando, otras emprenden, desarrollan nuevos proyectos, se mantienen vinculadas a sus comunidades o buscan nuevas oportunidades laborales. La longevidad está transformando la manera en que entendemos el envejecimiento y también la forma en que debemos pensar nuestra planificación financiera.


Hoy es perfectamente posible que una persona de 60 o 70 años tenga por delante 20 o 30 años de vida. El desafío, entonces, no es simplemente prepararse para “dejar de trabajar”, sino contar con las condiciones que permitan mantener la autonomía y elegir cómo queremos vivir y participar activamente en la sociedad durante esos años.


La empleabilidad después de los 60 es parte de esta conversación. La experiencia, los conocimientos y las habilidades acumuladas durante décadas siguen siendo un aporte para las organizaciones y para la sociedad. Al mismo tiempo, muchas personas mayores quieren o necesitan continuar trabajando, ya sea por realización personal, por mantener vínculos sociales o para complementar sus ingresos.


Por eso, hablar de una vejez activa implica también ampliar la mirada sobre el trabajo. No todas las personas tienen las mismas posibilidades ni necesariamente quieren seguir trabajando de la misma manera, pero sí deberíamos avanzar hacia una sociedad donde cumplir 60 años no sea entendido automáticamente como el término de la vida productiva.


En este escenario, la planificación previsional adquiere un nuevo significado. No se trata solamente de cuánto dinero tendremos cuando dejemos de trabajar, sino de contar con herramientas que nos permitan tomar decisiones sobre nuestro futuro con mayor libertad.


Tener una fuente de ingresos estable puede ser relevante tanto para quien decide continuar trabajando como para quien opta por retirarse. Permite, por ejemplo, complementar otros ingresos, financiar nuevos proyectos, apoyar a la familia o simplemente mantener determinadas actividades y decisiones de vida sin depender completamente de terceros.


Por supuesto, no existe una solución única para todas las personas. Las decisiones previsionales deben considerar la realidad, las necesidades y el proyecto de vida de cada individuo. De ahí la importancia de informarse y evaluar las alternativas disponibles antes de tomar una decisión.


Esta mirada también adquiere especial relevancia al hablar de envejecimiento y de condiciones que pueden afectar la autonomía, como las enfermedades cognitivas. En el marco del Día Mundial del Alzheimer, es importante recordar que cuidar la autonomía no significa únicamente preocuparnos por la salud física o cognitiva. También implica anticiparnos a aquellas decisiones que pueden contribuir a preservar nuestra capacidad de elegir en el futuro.


Planificar cuando todavía somos plenamente autónomos permite justamente eso: tomar decisiones con tiempo, conocer nuestras alternativas y construir una base financiera que acompañe el proyecto de vida que queremos tener.


La vejez no tiene por qué ser sinónimo de inactividad, dependencia ni renuncia. Puede ser una etapa de trabajo, aprendizaje, nuevos proyectos, participación y decisiones. Pero para que esa autonomía pueda sostenerse durante más tiempo, necesitamos empezar a entender que también se planifica.


María Elena Undurraga, 

Gerente de Sostenibilidad y Personas Penta Vida

europapress