Sr. Director,
Empieza la cueca, el asado y todos conversan en la mesa. Ese es el sonido de las Fiestas Patrias. Sin embargo, según el Minsal, para más de un millón de chilenos con algún grado de pérdida auditiva también puede ser el sonido de sentirse excluidos.
Solemos imaginar la pérdida auditiva como algo que aparece tarde en la vida. En realidad, puede manifestarse a cualquier edad y rara vez se anuncia. Un abuelo que asiente sin entender del todo la historia, un adolescente que sube el volumen de la música porque solo percibe los graves o una compañera que mira más los labios que las palabras. Ninguno dirá "no te oigo" en medio de una fonda, pero el aislamiento es real y crece precisamente en los ambientes ruidosos.
Esa es la paradoja. Lo que hace que estas fiestas sean tan animadas, es también lo que las hace más difícil de seguir para una persona con pérdida auditiva. La inclusión no se trata de bajar el volumen, sino de tomar pequeñas decisiones: sentar a las personas de manera que puedan ver sus rostros, pausar la música para los brindis, preguntar ¿escuchaste eso? en lugar de darlo por sentado. En GAES, vemos que el cuidado auditivo no es solo una solución médica, es lo que permite que alguien participe en la conversación en lugar de observar.
Este mes, observa a tu alrededor. Fíjate en quién se inclina hacia adelante, quién sonríe un poco tarde, quién se queda callado. La inclusión solo funciona si todos pueden escuchar la fiesta a la que han sido invitados.
Víctor Astudillo,
Fonoaudiólogo GAES