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Las operaciones de acuerdos de recompra de corto plazo permanentes se fijaron en 4.0%, mientras que las operaciones de recompra inversa a un día se ubicaron en 3.75% con un límite por contraparte de USD 160 mil millones diarios. Ambas decisiones fueron por unanimidad.
Lo relevante aquí está en lo que señala el FOMC hacia adelante. Dieciséis funcionarios prevén al menos una suba más de tipos en 2026. Eso es claro: el ciclo de alzas no terminó. La Fed abrió la puerta a más movimientos restrictivos en los próximos meses. No es una pausa, es una pausa táctica antes de seguir apretando si la economía lo justifica.
Las proyecciones de crecimiento hablan de una economía más resiliente que la que esperaban en junio. PIB de 2.3% para 2026 versus 2.2% que proyectaban hace tres meses. Eso es una revisión al alza. Crecimiento de largo plazo se mantiene en 2.0%, lo que sugiere que ven este crecimiento como sostenible, no como alza coyuntural. El desempleo baja a 4.1% a finales de año versus 4.3% que esperaban. Eso significa un mercado laboral más apretado de lo previsto.
Aquí está el problema para emergentes. Cuando el FOMC sube tasas, proyecta más crecimiento, estima menor desempleo y deja la puerta abierta a nuevas alzas, está diciendo que la economía norteamericana puede aguantar tasas más altas por más tiempo. El peso chileno se ubica en 953.80. El dólar mantiene presión estructural porque estas proyecciones validan la narrativa de tasas restrictivas permanentes, no transitorias. El mercado está precificando que 4.0% no es el final. Si 16 funcionarios ven una suba más en 2026 y la economía acelera a 2.3%, eso es argumento para que la Fed siga apretando, especialmente si la inflación no baja lo suficiente. Para Chile, eso significa que el dólar aguanta fuerte mientras el cobre permanece débil. La convergencia adversa continúa.
Por Agustín Vargas,
Analista de mercado de Capitaria