Fue un académico en el sentido más profundo del concepto. Identificado con su formación de ingeniero comercial y contador auditor, dedicó su vida a la enseñanza y a la investigación aplicada, destacando como un profesional comprometido, formado en el esfuerzo, el tesón y la mirada siempre crítica a los resultados. Enseñó su especialidad, por más de 50 años en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, pero también en varias otras instituciones. Fue director de empresas e impulsó una consultora que desempeñó tareas profesionales distinguidas.
Un magnífico ser humano. Se destacaba por su cercanía con los estudiantes, a quienes proveía no sólo con conocimientos sino que también con un ejemplo de vida. Fue de quienes ejemplificaban la enseñanza con casos prácticos, donde relataba su propia experiencia profesional y la forma en que la teoría le brindaba apoyo insustituible. Era persona cercana, que hablaba a sus alumnos con cordialidad y casi un sentido paternal; se preocupaba de los casos “difíciles” que resultaban en bajo rendimiento y desatención en la clase. No era extraño que compartiera cercanamente con sus estudiantes y prestara especial atención a quienes podían sentirse desplazados o en desventaja. El café de la Escuela era el lugar en que a menudo se le veía continuando su clase en la fase de compartir con los alumnos sin dejar de llevar aplicaciones de su materia a casos de la vida real.
Nació y creció en el puerto de San Antonio, en una familia de clase media de inmigrantes Sirios, a la que siempre destacaba como verdadero ejemplo del esfuerzo. Nació con un defecto físico que afectaba su rostro y que era, según relataba, el blanco muchas veces de burlas y de actitudes de exclusión por parte de otros niños. Supo sobreponerse a esa dificultad, que poco afectaba a un corazón generoso, a una persona afable y sencilla, que supo crecer en el esfuerzo haciendo prevalecer siempre el talento y una actitud cordial que hacía que sus interlocutores dejaran de lado la apariencia física para centrarse en lo que provenía de un potente cerebro y de un alma generosa. Reinaldo fue siempre para muchos el ejemplo de saber sobreponerse a la adversidad, mostrando con generosa disposición su espíritu altruista y de seria preocupación por el prójimo.
Escribió muchas cosas en el marco de su preocupación por enseñar. Destacan sus libros coautorados con su hermano Nassir, «Preparación y Evaluación de Proyectos» y «Planificación, Gestión y Control de Proyectos», los cuales alcanzaron no sólo una alta difusión nacional sino también internacional. El marco de las Escuela de Administración de Latinoamérica, proveyó una plataforma ágil para su difusión y uso extensivo en la formación de economistas y administradores en la región.
Fue un hombre de profunda fe católica, a la que rodeaba de un acentuado convencimiento en el campo de la razón y la solidaridad. Escribió varios libros sobre Raúl Silva Henríquez, a quien admiraba profundamente, llegando por ello a fundar y presidir la Corporación Cardenal del Pueblo, con sede en San Antonio, dedicada a la niñez desprotegida. En ella volcó, según sus propias palabras, «todos mis esfuerzos para mantener viva en la memoria de los chilenos el hermoso testimonio de vida del cardenal». Bajo su impulso se promovió solidaridad y la conmemoración del Cardenal de quien era muy cercano. Hizo así espacio para la labor solidaria que era una faceta importante en su vida.
Un episodio importante del cual fui testigo directo. La Editorial Universitaria pasaba momentos muy difíciles y le pedí a Reinaldo que asumiera la gerencia de esa histórica y trascendente empresa. Allí cobró distinción su nivel de compromiso y capacidad de liderazgo para asumir una tarea difícil pero trascendente, como era asegurar la permanencia de una institución tan emblemática para la cultura nacional. Hizo una notable gestión, no exenta de episodios conflictivos con el sector financiero y proveedores, de los cuales siempre salió exitoso. Lideró al equipo de personas que colaboraban con él, al punto de vestir él y sus colaborados un disfraz en una Feria del Libro, y así cobrar notoriedad para estimular las ventas. Guardo su recuerdo con este detalle de su vida, empero un demostrativo del magnífico ser humano que nos ha dejado.
Prof. Luis A. Riveros
Emérito Universidad de Chile