Poca duda cabe acerca de que la educación pública ha sido un firme puntal del desarrollo de Chile. Desde el siglo XIX, con liderazgos como los de Manuel Montt y Balmaceda se sentaron las bases para un sistema que proveería la calificación que requería el proceso de consolidación del Estado y los avances del propio sector privado. La creación de la Universidad de Chile, de las Escuelas Normales y de la Escuela de Artes y Oficios, y más tarde el impulso brindado al Liceo Fiscal, constituyeron los cimentos de lo que hoy denominaríamos un sistema de “calidad”. Los posteriores esfuerzos de los Presidentes Aguirre Cerda y Frei Montalba, se encaminaron a ampliar la cobertura, pero sin descuidar la calidad en materia de la enseñanza: formar ciudadanos identificados con los sentimientos de nacionalidad y la formación de un buen capital humano específico. Eso constituyó la base de la tarea de la educación pública, y la esencia formativa de quienes crecimos bajo su amparo.
La municipalización de los establecimientos educativos operó sólo con un criterio de gestión y descuidó lo más esencial de la educación: la formación integral. Operó en paralelo con un decaimiento en la formación de profesores y un sinnúmero de dificultades de financiamiento. Las municipalidades nunca habían tenido por tarea el administrar temas tan complejos como educación y salud, y la adaptación se hizo con dificultades en la mayoría de los casos. Al mismo tiempo, despegaba con cierta ventaja la educación privada y surgió la figura de la subvención estatal directa para muchos de este tipo de colegios. Todo ello dificultó los resultados de la educación pública, pero aún destacaban colegios públicos que brillaron por sus resultados aún en medio de los problemas asociados al sistema de gestión. Sin embargo, el golpe decisivo contra la educación pública provendría de dos medidas adoptada con escaso criterio ya en pleno siglo XXI: se eliminó la posibilidad de que los colegios públicos pudieran seleccionar a sus estudiantes, y se practicó la integración de los colegios en públicos en nuevas entidades llamadas “Servicios Locales de Educación” (SLEPs). Esto último, sin considerar que algunos municipios estaban efectuando muy bien su tarea, pero aquí primó, nuevamente, un criterio de pura gestión dejando de lado los resultados propiamente educativos.
Una reciente iniciativa de gobierno extiende hasta el año 2040 el plazo para constituir los nuevos SLEPs, atendiendo así los complejos problemas que ello envuelve. Esto se suma a la posibilidad de que los colegios puedan efectuar una selección basada en antecedentes curriculares. Lo esencial de la actual iniciativa en discusión es que las municipalidades podrían mantener la gestión de los establecimientos en su respectiva jurisdicción, si demuestran buenos resultados en materia financiera y aquellos propiamente educativos. No son claros los criterios específicos que han de ser tenidos en cuenta ni tampoco los procedimientos específicos para sustentar este juicio pero lo esencial está en la intención de fondo: volver a recuperar una educación pública de calidad y eficientemente gestionada, cosa que muchos alcaldes habían hecho presente en el proceso de implementación indiscriminada en los SLEPs.
La inspiración esencial de las iniciativas adoptadas es el intento de poner a la calidad de la educación pública como la guía esencial para su consolidación. Todo Chile debe esperar que estas iniciativas en materia de elección de estudiantes y organización de un sistema basado en calidad, puedan recuperar aquello que Chile siente infortunadamente perdido. Es muy necesario ahora considerar como proyecto-país la formación de buenos profesores, a la altura de una educación de excelencia, con la inspiración de las antiguas escuelas normales.
Ojala se vuelva a la situación en que muchos colegios públicos figuren entre los mejores del país, y no exista más la noticia sobre sus deficientes resultados y los condenables hechos que hoy día caracterizan a muchos de ellos, usados como piezas instrumentales para sembrar desorden y anarquismo.
Prof. Luis A. Riveros
Emérito Universidad de Chile