Hablar de salud mental y bienestar es abordar uno de los desafíos relevantes de nuestra sociedad. El estrés, la ansiedad y las múltiples exigencias de la vida cotidiana han llevado también a preguntarnos qué actividades pueden contribuir a generar espacios de desconexión, concentración y disfrute.
En ese contexto, resulta interesante que algunas investigaciones comiencen a aportar antecedentes sobre una experiencia que desde hace años comparten muchos motociclistas: conducir una motocicleta no solo constituye una forma eficiente de desplazarse, sino que también puede representar un momento de especial concentración y conexión con el presente.
Un estudio desarrollado por investigadores vinculados a la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), observó que un recorrido de aproximadamente 20 minutos en motocicleta estuvo asociado a una disminución cercana al 28% en un indicador hormonal relacionado con el estrés, además de cambios vinculados con mayores niveles de atención y concentración.
Estos resultados son interesantes, aunque deben ser interpretados con prudencia. Una motocicleta no constituye, naturalmente, un tratamiento para la ansiedad, el estrés ni ningún problema de salud mental. Sin embargo, estos antecedentes abren una perspectiva distinta sobre la experiencia de conducir.
Quien conduce una motocicleta debe mantenerse atento al entorno, observar permanentemente lo que ocurre en la vía, anticipar movimientos de otros vehículos, controlar el equilibrio y tomar decisiones constantemente. Esa necesidad de concentración puede convertir el recorrido, para muchas personas, en un momento para dejar temporalmente de lado otras preocupaciones y concentrarse plenamente en la actividad que están realizando.
Desde la Asociación Nacional de Importadores de Motocicletas (ANIM) creemos que estos antecedentes permiten ampliar la mirada sobre el papel que cumple la motocicleta en nuestra sociedad.
Habitualmente hablamos de sus ventajas como alternativa de movilidad: eficiencia en los desplazamientos, menor utilización del espacio vial y capacidad para facilitar el traslado cotidiano de miles de personas. Pero existe también una dimensión humana asociada a la experiencia de conducir que merece ser considerada.
Naturalmente, esa experiencia solo adquiere sentido cuando se desarrolla en condiciones adecuadas de seguridad. Una buena formación, el uso de casco homologado y equipamiento de protección, la conducción defensiva y el respeto irrestricto de las normas de tránsito deben estar siempre presentes.
Quizás, entonces, vale la pena comenzar a mirar la motocicleta desde una perspectiva algo más amplia: no solamente como un medio para llegar de un punto a otro, sino también como una experiencia de movilidad que, cuando se practica responsablemente y con seguridad, puede ofrecer concentración, disfrute y una forma particular de conectarse con el camino.
Cristian Reitze,
Presidente ejecutivo de ANIM