​Economía circular: la otra cara de la transición energética

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La transición energética en América Latina y el Caribe debe considerar cómo se gestionarán, al final de su vida útil, los materiales incorporados en las tecnologías de energías renovables. La discusión ambiental ya no puede limitarse a sustituir combustibles fósiles por fuentes limpias; también debe incluir la capacidad de reciclar, reutilizar y valorizar los componentes que hacen posible esa transformación.


Hoy la región cuenta con 150 millones de paneles solares y 16.000 aerogeneradores en operación, y esas cifras seguirán creciendo en los próximos años. Por su parte, los sistemas de baterías de litio para respaldar los sistemas eléctricos crecen aceleradamente. Lo que hoy representa avance tecnológico y reducción de emisiones, mañana será también un volumen creciente de residuos y materiales que exigirán trazabilidad, tratamiento y nuevas cadenas de valor.


La magnitud del desafío es ineludible. OLACDE proyecta que hacia 2050 habrá 81 millones de toneladas de materiales asociados a tecnologías de transición energética en la región; entre ellos 36 millones de toneladas de acero, 4 millones de toneladas de cobre y 10 millones de toneladas de aluminio. A la vez, el valor económico recuperable de esos materiales podría alcanzar los US$ 209.000 millones. Esa cifra es reveladora: la economía circular es una parte estratégica y complemento en la transición energética.


Para la región, esta realidad abre una oportunidad y desafío. La oportunidad es desarrollar una nueva industria ligada al reciclaje, la recuperación de materiales, la remanufactura y la logística inversa, pero si los países no preparan hoy marcos normativos, infraestructura y capacidades técnicas, mañana enfrentarán pasivos ambientales, costos de disposición y una presión adicional sobre sistemas de residuos que ya son frágiles en muchos territorios.


El desafío no es menor porque los materiales involucrados no son homogéneos ni fáciles de gestionar. Recuperar metales, vidrio, plásticos y otros componentes presentes en tecnologías como paneles solares, baterías y aerogeneradores exige reglas de trazabilidad, estándares de reciclaje, responsabilidades claras para fabricantes e importadores, y una coordinación público-privada que permita construir soluciones regionales.


La transición energética solo será sostenible si evita trasladar el problema desde las emisiones hacia los residuos. Es importante atender qué ocurre con estas tecnologías limpias antes, durante y después de su uso, pues cada panel, batería y turbina también tiene una huella material.


América Latina y el Caribe tiene una ventaja comparativa: puede convertirse en una región pionera en integrar descarbonización y economía circular. Pero para lograrlo debemos anticiparse. La coherencia de la transición energética se medirá no solo por los megawatts instalados, sino por también por la capacidad de cerrar el ciclo de los materiales. 


Andrés Rebolledo

Secretario Ejecutivo

Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE)

europapress