Andrés Rebolledo



Andrés Rebolledo

América Latina y el Caribe están enfrentando una lucha poco visible, cuya importancia supera la de los debates sobre energía renovable o los acuerdos climáticos internacionales. Esta batalla ocurre en el día a día de la distribución eléctrica, en los cables, medidores y facturas que conforman el sistema energético de la región.

Históricamente, América Latina y el Caribe (ALC) han observado los conflictos en Medio Oriente con una mezcla de cautela y alivio geográfico. Sin embargo, en el complejo tablero energético de 2026, la distancia física ya no es un blindaje.

De acuerdo con  el Índice de Incertidumbre Mundial (WUI) navegamos por aguas inquietas donde la geopolítica y la economía perdieron las premisas de un orden que viene desde el final de la II Guerra Mundial. Sin embargo, el sector energético comienza a revelar algunas certezas que no solo definen el futuro global, sino que interpelan directamente el rol de América Latina y el Caribe (ALC) en el nuevo orden mundial.

La próxima Conferencia de las Partes (COP30) en Belém do Pará en noviembre de 2025 no es una cumbre climática más para América Latina y el Caribe (ALC).

En el corazón de la transición energética en América Latina, Chile se erige como un laboratorio natural para la movilidad sostenible. Con su matriz energética cada vez más limpia y una alta penetración de energías renovables, está en una posición privilegiada para liderar la descarbonización del transporte. Es un imperativo, no solo para cumplir con nuestros compromisos globales, sino para mejorar la calidad de vida en nuestras ciudades.

En el corazón de la transición energética en América Latina, Chile se erige como un laboratorio natural para la movilidad sostenible. Con su matriz energética cada vez más limpia y una alta penetración de energías renovables, está en una posición privilegiada para liderar la descarbonización del transporte.

En el siglo XXI, el acceso a la energía debería ser tan incuestionable como el acceso al agua potable o a la educación. Sin embargo, seguimos tratándola como un servicio, sin reconocerla plenamente como un derecho humano esencial para una vida digna y un pilar de la justicia social. Esta visión perpetúa la desigualdad y debilita una transición energética justa.

Tras el apagón que afectó a gran parte de Chile en febrero, es necesario analizar el panorama en la región e implementar cursos de acción a seguir. Vemos que Ecuador y Cuba han tenido situaciones similares, mientras que en Argentina, Brasil y Honduras, también se han registrado interrupciones de suministro parciales.