La falta de capital humano especializado ya está impactando la ejecución de proyectos energéticos. Expertos advierten que el desafío no es solo formar más talento, sino reconvertir habilidades a la velocidad que exige la industria
El desarrollo energético en América Latina atraviesa un momento decisivo. Con condiciones naturales privilegiadas, la región tiene el potencial de liderar la transición hacia energías limpias y posicionarse en industrias emergentes como el hidrógeno verde.
Sin embargo, este avance enfrenta un desafío cada vez más evidente y urgente: la generación de talento no está creciendo al mismo ritmo que la transformación del sector.
Diversos organismos internacionales coinciden en el diagnóstico. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha advertido que, si bien la transición energética abre oportunidades económicas significativas, también expone una brecha crítica en capital humano.
Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo proyecta que la economía verde podría generar cerca de 15 millones de empleos netos en América Latina hacia 2030, aunque subraya que este potencial depende directamente de la disponibilidad de trabajadores con las competencias adecuadas.
En palabras del propio BID, la brecha de habilidades podría convertirse en uno de los principales cuellos de botella para el desarrollo de industrias verdes en la región.
Chile no es ajeno a esta realidad. Aunque el país se posiciona como importante líder regional en energías renovables, enfrenta un desafío menos visible, pero igualmente crítico: la escasez de talento especializado.
“Hoy, la brecha de capital humano en el sector energético ya no es una proyección futura, sino una realidad concreta. La falta de profesionales calificados, especialmente en áreas técnicas y tecnológicas, ya está comenzando a actuar como un freno invisible para la ejecución de proyectos”, afirma Joao Guilherme Alves, VP de Recursos Humanos de Vestas LATAM.
Las cifras lo confirman. Según estimaciones del BID junto al Ministerio de Energía, Chile necesitará entre 12 mil y 27 mil nuevos trabajadores en el sector durante la próxima década. En escenarios de mayor crecimiento, la brecha podría alcanzar hasta 15 mil personas.
El nuevo perfil energético: más tecnología, menos frontera disciplinaria
Más allá de la cantidad, el desafío es también cualitativo. La industria está cambiando rápidamente y, con ella, los perfiles que demanda.
“No se trata solo de formar más profesionales, sino de desarrollar nuevas capacidades. Hoy no basta con saber de energía; necesitamos talentos que entiendan datos, automatización y nuevas tecnologías”, agrega Alves.
De hecho, más del 50% de las empresas del sector reconoce déficits en habilidades digitales, lo que refleja una transformación estructural: la energía es cada vez más una industria tecnológica. Desde la operación de parques eólicos hasta la gestión de redes inteligentes y soluciones de almacenamiento, los nuevos roles requieren una combinación de ingeniería, analítica de datos y digitalización.
El World Economic Forum refuerza esta tendencia: cerca del 50% de los trabajadores en la región necesitará procesos de reconversión o fortalecimiento de habilidades en los próximos años, particularmente en sectores vinculados a tecnología y sostenibilidad.
Gestión de personas en el centro de la transición
En este escenario, la gestión del talento deja de ser un tema operativo para convertirse en un eje estratégico del negocio. El desafío ya no recae únicamente en el mundo académico, sino en un esfuerzo articulado entre empresas, instituciones educativas y sector público.
Para las áreas de Recursos Humanos, esto implica evolucionar desde un rol tradicional hacia uno mucho más activo en la construcción de capacidades. Atracción, formación continua, reskilling y vínculos con comunidades locales pasan a ser palancas clave para sostener el crecimiento del sector.
Algunas organizaciones del sector ya están impulsando programas de formación técnica, capacitación en terreno y alianzas con instituciones educativas para acelerar el desarrollo de capacidades especializadas. Estas iniciativas buscan acercar oportunidades a comunidades locales, fortalecer el talento disponible y responder a la creciente demanda de perfiles técnicos que requiere la transición energética.
El diagnóstico es claro: sin talento, no hay transición energética sostenible.
“Chile tiene una oportunidad histórica para liderar en energía, pero el éxito de este proceso dependerá de su capacidad para formar, atraer y reconvertir talento. Porque al final del día, la energía del futuro no solo se genera; se construye desde las personas”, concluye Alves.