​La oportunidad que Chile podría perder en la carrera mundial por la IA

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La inteligencia artificial suele imaginarse como software, algoritmos y robots. Pero detrás de toda IA existe algo mucho más tangible: gigantescos data centers, redes eléctricas, fibra óptica y enormes cantidades de energía. Y el mundo está entrando en una carrera sin precedentes por construir esa infraestructura.


Las grandes tecnológicas —Amazon, Microsoft, Google, Meta y otras— podrían invertir este año cerca de US$700 mil millones en infraestructura de IA. La pregunta para Chile no es si habrá inversión. La pregunta es cuánto de esa inversión lograremos capturar.


Porque hoy Chile está bien posicionado, pero todavía muy lejos de aprovechar plenamente la oportunidad.


En la última década el país construyó ventajas reales: estabilidad institucional, energías renovables competitivas, buena conectividad digital y una ubicación estratégica para Sudamérica. Gracias a eso, gigantes como AWS y Microsoft ya decidieron instalar infraestructura crítica en Chile, mientras operadores especializados expanden rápidamente capacidad de data centers.


Santiago ya es uno de los principales hubs digitales de América Latina. Hace pocos años la capacidad instalada era marginal; hoy crece aceleradamente y el país comienza a transformarse en infraestructura regional para servicios cloud e IA.


Pero aquí aparece el problema: estamos avanzando mucho más lento que la velocidad de la oportunidad global.


Mientras Chile discute permisos, evaluaciones fragmentadas y años de tramitación, otras regiones del mundo están capturando inversiones gigantescas. En Texas, India o Medio Oriente ya se construyen campus de IA que individualmente superan varias veces toda la inversión proyectada para el mercado chileno de data centers durante esta década.


Eso revela algo importante: Chile todavía participa principalmente en la “primera ola” digital —cloud regional y servicios empresariales—, pero aún no logra entrar plenamente en la segunda ola: los grandes clusters de IA generativa.


Y esa segunda ola será muchísimo más grande.


La IA moderna requiere centros de procesamiento con decenas de miles de GPUs, consumo eléctrico equivalente al de ciudades completas y acceso inmediato a energía abundante. En la práctica, la nueva economía digital está comenzando a parecerse más a una industria energética que a una industria de software.


Ahí Chile tiene ventajas enormes: una de las mejores condiciones solares del planeta, potencial eólico extraordinario y cercanía horaria con Estados Unidos. Pocos países combinan estabilidad macroeconómica con capacidad renovable a gran escala.


Pero también tenemos cuellos de botella críticos: lentitud regulatoria, transmisión eléctrica insuficiente, permisos fragmentados, incertidumbre ambiental, y escasa coordinación entre organismos públicos.


El riesgo no es que Chile quede fuera de la economía digital. Eso ya no ocurrirá. El riesgo es quedar atrapados en un rol secundario: ser consumidores y operadores regionales, mientras las grandes inversiones estratégicas se van hacia otros países.


La diferencia económica puede ser gigantesca.


Si Chile mantiene el ritmo actual, probablemente seguirá creciendo como hub regional latinoamericano, atrayendo algunos miles de millones de dólares y consolidando servicios cloud para el Cono Sur.


Pero si logra acelerar permisos, expandir transmisión eléctrica y crear zonas especialmente preparadas para infraestructura IA, podría aspirar a algo mucho mayor: transformarse en la principal plataforma hemisférica de inteligencia artificial en Sudamérica.


Eso significaría no solo más data centers. Significaría empleos de alta especialización, inversión energética, nuevas industrias tecnológicas, servicios avanzados, investigación aplicada y un posicionamiento geopolítico completamente distinto en la economía digital global.


La ventana de oportunidad existe. Pero no estará abierta indefinidamente. De hecho, teien fecha de vencimiento como un yogur


La infraestructura de IA tiende a concentrarse rápidamente en los lugares capaces de construir primero, más rápido y a mayor escala. Y en esta carrera, la velocidad del Estado puede terminar siendo tan importante como la calidad de nuestros ingenieros o la abundancia de nuestro sol.


Alfredo Barriga

Profesor UDP

Autor “Presente Acelerado: la Sociedad de la Inteligencia Artificial y el Urgente Rediseño de lo Humano”, publicado en Amazon.com

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