​Estrategia en el debate universitario

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Nassib Segovia Luis Riveros



La próxima frontera de la calidad universitaria: aprender de la propia enseñanza


Las universidades enfrentan crecientes exigencias para mostrar calidad, ya sea mediante procesos de acreditación, resultados académicos o indicadores de desempeño institucional. Aunque estos mecanismos han permitido fortalecer estándares y hacer más visibles distintos aspectos del quehacer universitario, una pregunta muy relevante para el futuro continúa ganando espacio: ¿cómo pueden las instituciones comprender mejor si sus procesos formativos están generando realmente los resultados esperados en contextos crecientemente complejos y diversos?


Durante años, buena parte del debate sobre calidad estuvo asociada a indicadores relativamente visibles y fáciles de cuantificar. Aunque estas dimensiones siguen siendo esenciales, los cambios tecnológicos, sociales y demográficos han comenzado a instalar un desafío complementario que parece cada vez más impostergable, ya que las instituciones necesitan fortalecer su capacidad para comprender qué decisiones pedagógicas favorecen mejores resultados formativos en estudiantes con trayectorias, expectativas y condiciones de vida profundamente heterogéneas.


En un escenario marcado por inteligencia artificial, modalidades híbridas, nuevas exigencias laborales y trayectorias estudiantiles crecientemente diversas, ya no parece suficiente asumir que determinadas metodologías funcionan únicamente porque han sido utilizadas históricamente o porque generan percepciones positivas inmediatas. Durante mucho tiempo, la docencia universitaria descansó principalmente en la experiencia profesional, el conocimiento disciplinar y la intuición pedagógica de cada académico; sin embargo, las transformaciones recientes han comenzado a empujar a las instituciones hacia un escenario donde enseñar también requiere observar y aprender sistemáticamente de la propia práctica, no para burocratizar el trabajo académico ni convertir el aula en un experimento permanente, sino para comprender con mayor precisión qué prácticas favorecen efectivamente el aprendizaje y en qué contextos producen mejores resultados formativos.


En muchas instituciones ya existen avances relevantes en innovación pedagógica permanente, seguimiento estudiantil, analítica académica y aseguramiento interno de la calidad, lo que sugiere que el desafío parece estar en comenzar a articular de manera sistemática esfuerzos todavía dispersos. La incorporación acelerada de IA generativa en evaluaciones, tutorías o diseño de actividades ilustra bien este escenario, especialmente porque muchas instituciones avanzan con rapidez en políticas de uso y marcos regulatorios mientras todavía persisten interrogantes relevantes sobre sus efectos concretos en aprendizaje, pensamiento crítico o desempeño académico. En este contexto, resulta cada vez más evidente que cambiar no necesariamente implica mejorar, ya que la innovación, cuando no es observada críticamente ni evaluada de manera sistemática, puede transformarse más en una expectativa de modernización institucional que en una mejora efectiva de los procesos formativos.


Esta discusión adquiere especial relevancia en un sistema de educación superior como el chileno, altamente diversificado, donde conviven estudiantes jóvenes de dedicación completa con trabajadores, madres, padres, y adultos que retoman estudios después de años fuera del sistema para obtener una segunda carrera. En este contexto, la idea de un estudiante homogéneo pierde sustento, haciendo indispensable comprender cómo interactúan metodologías, trayectorias personales, restricciones laborales y distintas formas de aprender.


La experiencia internacional ofrece señales relevantes. En países como Australia y Canadá, distintas universidades han desarrollado unidades que integran analítica educativa, evaluación pedagógica e investigación sobre enseñanza y aprendizaje como parte de sus mecanismos de aseguramiento de la calidad, fortaleciendo una cultura de mejora basada en evidencia. En Chile, esta conversación comienza lentamente a ganar espacio, mientras redes académicas, investigadores e instituciones reflexionan sobre cómo fortalecer la producción de evidencia pedagógica para comprender mejor qué prácticas generan resultados más efectivos, haciendo visible un desafío mayor cual es la capacidad de las universidades para aprender sobre sí mismas.


En un entorno marcado por cambios acelerados, trayectorias estudiantiles cada vez más diversas y crecientes exigencias de pertinencia social, la próxima frontera de la calidad universitaria probablemente no estará únicamente en cuánto enseñan las instituciones, sino en cuánto son capaces de aprender sobre su propia enseñanza. Las universidades que desarrollen esa capacidad, observando críticamente sus prácticas formativas y ajustando decisiones pedagógicas a partir de evidencia, estarán mejor preparadas para responder a los desafíos del presente y fortalecer la calidad de sus procesos formativos. Comprender mejor cómo se enseña parece convertirse, cada vez más, en una condición necesaria para la mejora progresiva de la educación superior.


Prof. Luis A. Riveros, Profesor Emérito, Universidad de Chile

Prof. Nassib Segovia, académico y especialista en educación superior.

europapress