​Modernizar el Estado en la era de la IA

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Aldo Cassinelli



Chile se encuentra en un punto de inflexión que exige algo más que una simple actualización de programas. Estamos ante la oportunidad histórica de rediseñar la arquitectura misma del poder público. Durante décadas, nos hemos enorgullecido de ser pioneros en la digitalización regional, pero hoy el desafío ha mutado, ya no se trata de trasladar la burocracia del papel a la pantalla, sino de utilizar las nuevas tecnologías para transformar estructuras anquilosadas, costosas y, a menudo, distantes.


El impacto de las tecnologías emergentes es, por definición, democratizador. Hoy, sistemas baratos, descentralizados y relativamente simples poseen la potencia necesaria para desafiar estructuras gigantescas que antes demandaban presupuestos astronómicos y ejércitos de funcionarios para tareas que la inteligencia artificial puede resolver en segundos. La paradoja del momento es fascinante, la tecnología más avanzada nos permite volver a lo más básico y esencial, que es poner al ciudadano al centro y como objetivo prioritario de toda acción estatal.


La modernización del Estado no es una meta, sino una constante que debe correr a la par de las demandas de una sociedad que ya no tolera la ineficiencia. En un escenario de recursos siempre limitados, la incorporación de inteligencia artificial y análisis de datos no es un lujo, sino un imperativo moral. Cada peso malgastado en un proceso burocrático redundante es un peso que se le resta a un subsidio habitacional, a una atención de salud o a la seguridad de un barrio.


Pensemos, por ejemplo, en la focalización de la ayuda social. La tecnología hoy nos permite identificar con precisión quirúrgica quién requiere realmente un subsidio, eliminando las filtraciones y asegurando que el apoyo llegue a tiempo. No es solo eficiencia, es justicia social aplicada. Si somos capaces de optimizar los tiempos en las reparticiones públicas -ya sea a nivel central, regional o municipal-, le estamos devolviendo al ciudadano el activo más valioso que posee: su tiempo.


El desafío para Chile en esta década es repensar el Estado bajo la lógica de la "agilidad". Debemos transitar desde un modelo reactivo, donde el ciudadano debe perseguir al Estado para obtener información, hacia un modelo proactivo y predictivo. Un Estado que sepa qué necesita su población antes de que la demanda estalle en conflicto. Tenemos la tecnología, tenemos la experiencia previa y, sobre todo, tenemos la urgencia. El momento de modernizar con audacia es ahora; no para reemplazar lo humano, sino para liberarlo de la carga del caos burocrático y permitir que el Estado cumpla, por fin, su promesa de servicio eficiente y con dignidad para todos.


ALDO CASSINELLI CAPURRO

Director Escuela de Gobierno

Universidad Autónoma de Chile

europapress