​Arturo Prat y su vigencia en el siglo XXI

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Leonardo Quijarro2 (4)

Desde la perspectiva del siglo XXI, el análisis de la historia global nos obliga a mirar el pasado no como una simple acumulación de efemérides, sino como un mapa de navegación ética. Vivimos en un ecosistema global hiperconectado, pero profundamente fracturado. El panorama internacional del primer cuarto de siglo, marcado por una sucesión de conflictos de diversa intensidad en Oriente Medio, de las ondas expansivas de la histórica guerra entre Rusia y Ucrania, y por las disputas en los espacios comunes globales, como son los océanos y las regiones polares, demuestran que la tecnología ha cambiado las armas, pero no la naturaleza humana. En este complejo escenario geopolítico, la figura del Comandante Arturo Prat Chacón no solo se mantiene incólume, sino que emerge como una luz guía indispensable, que ilumina en forma transversal, a diferentes generaciones en Chile.


A menudo, la distancia temporal tiende a desdibujar a los héroes, convirtiéndolos en frías estatuas en bronce o fierro. Sin embargo, el valor del héroe de Iquique radica en la universalidad y atemporalidad de sus principios. Prat no fue un hombre que buscara la guerra; fue un ciudadano, un esposo, un padre, un abogado, un profesor y un marino que entendió que la paz y la soberanía se defienden con una fuerza moral inquebrantable.


Cuando observamos la inestabilidad de la geopolítica contemporánea, donde los conflictos suceden entre estrategias asimétricas o híbridas, y la incertidumbre es la norma, el concepto tradicional de seguridad colectiva se tambalea. Es ahí donde la arenga del Comandante Prat y su decisión el 21 de mayo de 1879 trascienden el plano de lo táctico naval para convertirse en una lección de realismo geopolítico y consistencia ética:


"Muchachos: la contienda es desigual, pero, ánimo y valor. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea esta la ocasión de hacerlo."


Cuanta sabiduría hay en estas líneas iniciales de su inmortal arenga. En el siglo XXI, esta "contienda desigual" ya no se mide únicamente en el tonelaje de los buques o en el calibre de la artillería, sino que se manifiesta en la asimetría de los ciberataques, en la desinformación que socava las democracias y en las presiones de actores globales sobre los recursos estratégicos de naciones medianas como Chile.


Frente a dicha asimetría, el Comandante apela al “ánimo y valor”, elementos que en la guerra moderna equivalen al factor humano, la superioridad moral y la resiliencia psicológica de una sociedad. En este entorno global saturado de amenazas de diferente índole, el "ánimo" representa la cohesión y la resistencia cultural de un pueblo para no dejarse doblegar antes de que rujan los cañones.


Por otra parte, la afirmación de que “nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo” introduce el peso de la tradición y la continuidad histórica como activos estratégicos. La bandera no es un simple paño, sino el símbolo del orden constitucional, la libertad y la dignidad del Estado. En el siglo XXI, donde las soberanías se ven difuminadas por corporaciones transnacionales y gobernanzas globales difusas, la memoria histórica y el respeto por los símbolos patrios actúan como un escudo identitario.


Finalmente, la frase “espero que no sea esta la ocasión de hacerlo” sella un pacto ético inquebrantable con el deber. No es una orden autoritaria, sino una invitación a la dignidad de sus subordinados, transformando un escenario de muerte casi segura en un acto de afirmación soberana.


Ante la tentación del entreguismo o del escepticismo paralizante que suelen adoptar las sociedades fragmentadas, el salto de Prat al monitor Huáscar representa el triunfo del deber autoimpuesto sobre el cálculo de supervivencia, recordándonos que los intereses superiores de la República se defienden incluso cuando las circunstancias son adversas.


Para la juventud chilena que ya navega las aguas de este siglo, los valores de Arturo Prat ofrecen un anclaje crítico a través de un relato de vida que se vuelve indispensable en la formación ciudadana. En primer lugar, su figura representa el valor de la cohesión interna en un mundo globalizado donde las identidades se diluyen y los conflictos externos polarizan a la opinión pública local; el sacrificio de Prat no fue por una facción política, sino por la unidad de la Patria. Asimismo, el Comandante demostró que el liderazgo efectivo no emana del poder coercitivo, sino de la autoridad moral basada en una profunda fe en Dios. En una época global aquejada por crisis de confianza institucional, su rectitud como servidor público constituye el estándar de oro que las nuevas generaciones deben exigir y practicar. Finalmente, este legado subraya la profunda vocación marítima de Chile, una isla continental, cuya supervivencia depende del libre tránsito por las líneas de comunicación marítimas. La vigencia de Prat nos recuerda que el destino de la nación está indisolublemente ligado al mar, y que custodiar ese espacio, hoy amenazado por el cambio climático, la pesca ilegal y las tensiones multipolares, es un imperativo estratégico que no se puede descuidar.


Los conflictos en Europa del Este y Oriente Medio nos han enseñado que la paz es un bien frágil y que el orden internacional basado en reglas requiere de Estados con voluntad y convicción moral para sostenerlo. Chile, no puede ser un espectador pasivo de la historia. Arturo Prat Chacón no pertenece al pasado; es un contemporáneo del futuro, cuyo ejemplo en el siglo XXI, es un llamado directo a las nuevas generaciones a no arriar las banderas de la rectitud, el cumplimiento del deber y el amor a la Patria. En un océano global turbulento, los valores del Comandante siguen siendo un faro brillante para guiar el rumbo del país.


Leonardo Quijarro S.

Profesor Residente Academia de Guerra Naval

Docente Investigador del Centro de Estudios Navales y Marítimos (CENAM)

Senior Fellow en Miami Strategic Intelligence Institute

Contraalmirante (R)

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