The Economist había mantenido hasta ahora que el impacto de la IA en el trabajo no sería distinto del que históricamente habían tenido las nuevas tecnologías a lo largo de la historia. Sí, se pierden trabajos, pero no, no se reduce el empleo. Al contrario, la situación de empleo post-adopción tecnológica es mejor que antes.
Estas dos últimas semanas ha habido un cambio en esa percepción. Y la razón de fondo es que estamos ante una tecnología completamente diferente a todas las que se han desarrollado por la humanidad hasta hoy. Me explico: las tecnologías han permitido mejorar la sociedad en la satisfacción de necesidades a través de mejores productos, a mejores precios, con una mayor productividad del trabajo y del capital, lo cual ha creado más riqueza, mejores sueldos y puestos de trabajo.
¿Qué hay de distinto en la IA entonces?
Ya no se trata solo de una mejora en la productividad de la mano de obra, sino del reemplazo de la mano de obra en todo lo que sea su participación en la creación de productos y servicios vía cognitiva. Como decía un ya viejo chiste sueco, la fábrica del futuro tendrá dos individuos: una persona y un perro. La persona es para alimentar al perro, y el perro es para que la persona no toque nada.
Los artículos en cuestión de The Economist, por si le interesan al lector de esta columna, son “Prepare for an IA Jobs Apocalipse” y “The Jobs apocalipse: a (very) short story.
Durante años, el debate sobre inteligencia artificial osciló entre dos extremos: el entusiasmo utópico y el miedo al desempleo masivo. Pero lo dos recientes artículos de The Economist plantean una tesis más incómoda: el “apocalipsis laboral” no es inevitable, pero sería imprudente descartarlo.
La historia económica ofrece motivos para el optimismo. Cada gran revolución tecnológica destruyó empleos existentes, pero terminó creando otros nuevos. Hace un siglo, casi 40% de los estadounidenses trabajaba en agricultura; hoy es cerca del 1%. Sin embargo, el empleo total siguió creciendo y aparecieron profesiones impensadas décadas antes. (fortune.com)
Ese argumento histórico explica por qué muchos economistas siguen escépticos frente a las profecías apocalípticas. Pero la IA introduce una diferencia inquietante: por primera vez, una tecnología amenaza directamente el trabajo cognitivo. No solo automatiza fuerza física o tareas repetitivas; también redacta informes, programa software, analiza contratos y produce contenido intelectual.
El impacto ya empieza a sentirse. Las empresas mantienen altos niveles de productividad con menos contrataciones junior. Programadores, diseñadores y analistas observan cómo parte importante de su trabajo puede realizarse con modelos generativos. Incluso si el empleo total no colapsa, podría producirse una presión severa sobre salarios, empleos intermedios y oportunidades de entrada al mercado laboral. (forbes.com)
La pregunta relevante, entonces, no es si desaparecerá todo el trabajo humano. Probablemente no. La verdadera interrogante es cómo se distribuirán los beneficios de esta productividad extraordinaria. Porque una economía capaz de crecer con menos trabajadores podría generar más riqueza total y, al mismo tiempo, más desigualdad y ansiedad social.
La historia también enseña otra lección: incluso disrupciones parciales pueden producir terremotos políticos. La globalización y el “shock chino” no destruyeron la mayoría de los empleos occidentales, pero bastaron para alimentar populismos y fracturas sociales persistentes. Una automatización acelerada de trabajadores profesionales podría tener efectos aún más profundos.
Por eso el desafío ya no es tecnológico, sino político e institucional. Esperar evidencia concluyente antes de actuar sería un error. Los gobiernos deberían empezar ahora a fortalecer reconversión laboral, educación continua y redes de protección para una economía donde la productividad podría dejar de depender proporcionalmente del trabajo humano.
Tal vez el apocalipsis laboral nunca llegue. Pero prepararse para él podría ser la única forma de evitarlo.
Alfredo Barriga
Profesor UDP
Autor “Presente Acelerado: la Sociedad de la Inteligencia Artificial y la Urgente Redefinición de lo Humano”