Sr. Director,
Las últimas cifras del INE sobre informalidad laboral no solo son negativas; son el síntoma de un problema estructural en nuestro mercado laboral. Con una tasa situada sobre el 26% y un aumento de 80.000 ocupados informales, Chile parece haber normalizado la precariedad.
El número de asalariados informales creció un 10,7% en el sector privado y un 12,5% en el público. Se trata de personas con horario y jefes, pero sin protección social, resultado de incentivos que llevan a empleadores y trabajadores a evitar contratos para ahorrar costos o conservar beneficios estatales, priorizando liquidez sobre seguridad futura.
El fenómeno golpea con crueldad los extremos de la vida: jóvenes (38%) y adultos mayores (56%). Estos últimos, empujados por pensiones insuficientes y una esperanza de vida que supera los 80 años, se ven obligados a reingresar a un mercado que los margina formalmente después de los 50 años.
Finalmente, la irrupción de la IA y la automatización está barriendo con las ocupaciones elementales. Si no actuamos, en una década tendremos una masa laboral obsoleta y excluida.
La informalidad no es una etapa de transición; hoy es una trampa que se consolida frente a nuestros ojos.
Guillermo Riquelme,
Docente Magíster en Trabajo Social Universidad