Se celebran 163 años de existencia de la Cruz Roja Internacional, una ocasión que sirve para meditar más allá de la formalidad de una institución sino sobre los principios fundantes de la misma. Era 1863 cuando el llamado “Comité de los Cinco” dio nacimiento formal a una organización cuya preocupación estaba centrada en la asistencia humanitaria frente a las desgracias derivadas de guerras, epidemias o circunstancias de conflictos sociales extremos. Había sido el impulsor Henry Dunant, un empresario conmovido por la brutalidad desplegada durante la guerra entre Francia y Austria que significó devastación y muerte de modo apabullante. Así, bajo el liderazgo de Dunant, se concretó la idea de una organización humanitaria que, más allá de los conflictos puntuales y las diferencias, proveyera asistencia a las víctimas de los desastres, del enfrentamiento y de la desgracia generalizada. Junto a otros venidos del mundo empresarial dieron forma a una entidad de asistencia y socorro que, fundada sobre las bases del más profundo humanismo, proveyera las condiciones para una sobrevivencia digna de víctimas inocentes o de participantes en conflictos de diversa índole. De allí en adelante, maduró el Movimiento Internacional de Cruz Roja y Media Luna Roja, preocupada no sólo de atender a los seres humanos en desgracia, sino también de impartir educación sobre los principios solidarios y humanistas, y también sobre las normas y cuidados básicos de las víctimas de las desgracias.
Fue en 1903 cuando se dio vida a la Cruz Roja Chilena, nacida en la ciudad de Punta Arenas, motivada por la necesidad de atender epidemias y emergencias sanitarias. En 1914 nacería en Santiago la Cruz Roja de las Mujeres de Chile, manifestación del crecimiento de la institución más allá de las normativas y costumbres sociales de la época, en que la mujer se mantenía en un plano de menor consideración en la sociedad. Fue la preocupación por las consecuencias de las epidemias y las emergencias sanitarias lo que impulsó el desarrollo de la organización en Chile. Pero fue, más allá de eso, el profundo convencimiento humanista que era vigente en la sociedad chilena, y al que la Cruz Roja prestaba un cobijo muy relevante. Los terremotos de 1938, en Chillán, y más tarde de 1960 en Valdivia y todo el sur de Chile, pusieron a prueba a la Cruz Roja que debió intermediar y proveer ayuda frente a las dramáticas situaciones vividas a raíz de esas graves circunstancias. Lo mismo ha ocurrido siempre, como por ejemplo ante las desgraciadas circunstancias del terremoto del año 2010 que asol+o la zona centro sur del país.
La labor de la Cruz Roja Chilena ha sido muy importante en la difusión en los colegios, porque da paso a una cierta capacitación para atender primeros auxilios básicos y así enfrentar situaciones de emergencia. Más allá de eso, los grupos juveniles tradicionalmente extendieron su accionar al campo amplio y pleno del trabajo humanitario y de los principios que le sustentan. Surgió así la iniciativa de los grupos juveniles de la Cruz Roja que se animaban a educar y entrenar a jóvenes voluntarios. La educación que provee la Cruz Roja a través de sus grupos juveniles es, más allá de la capacitación en primeros auxilios básicos, ampliamente educativa en las líneas de la solidaridad, la fraternidad y los principios fundamentales del humanismo. Esta es una actividad importante para ayudar a la estabilidad de la propia organización social, y al combate de los aspectos más críticos que afectan negativamente a nuestra sociedad, y particularmente a la educación. De notoria necesidad en los días presentes, el accionar debiera extenderse ampliamente a través de toda la gama de colegios privados y públicos, porque ello rendiría un beneficio social de notoria envergadura.
Un cumpleaños institucional que se celebra con entusiasmo y visión de futuro, pues la institución tiene aún un lugar relevante como prioridad social, en los días en que cunde la violencia y la antifraternidad. La presencia de la Presidenta de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en la celebración oficial en Santiago, es una señal de esperanza y de buena salud de una institución señera en pos del humanismo más puro.
Prof. Luis A. Riveros
Emérito Universidad de Chile