​Ormuz y la Insolvencia Estratégica: Geopolítica en real time para Directorios

|

Gonzalo Jimeu0301nez Seminario



¿Por qué Estados Unidos, la mayor potencia militar del mundo permite que Irán exporte millones de barriles de petróleo diariamente a pesar de sus propias sanciones? La respuesta no es una concesión diplomática, sino una parálisis estratégica. Washington ha chocado con un dilema que su modelo de Gran Corporación no puede resolver: la guerra de saturación y la quiebra del petrodólar.


Como analiza The Conversation France en su edición especial de Marzo 2026, EE.UU. sufre un retraso estratégico crítico. Su modelo militar se basa en tecnología de altísima precisión y costo astronómico. Irán, en cambio, ha perfeccionado la revolución low-cost: drones y misiles baratos producidos en masa.


En el Estrecho de Ormuz, esta asimetría es letal. Para interceptar un dron iraní de 20.000 dólares, EE. UU. debe disparar misiles de 2 millones. Es una batalla contable que la base industrial estadounidense —como advierte el renunciado jefe de contra-inteligencia Joseph Kent— no puede ganar. La saturación low cost simplemente invalida la precisión premium, obligando a la megapotencia a agotar sus limitados recursos en una defensa insostenible.


Washington se enfrenta a una paradoja existencial: necesita que el petróleo de sus enemigos fluya. Si la Casa Blanca bloqueara realmente las exportaciones de Irán a China o las de Rusia a India, el precio del barril escalaría a niveles que destruirían la economía doméstica norteamericana.


Para evitar la inflación y el creciente descontento social de la clase media y baja que estudia la Clío-dinámica de Peter Turchin (Endgame, 2024), EE. UU. se ve obligado a emitir exenciones (waivers) y permitir el comercio en yuanes; intentando sortear su propia implosión financiera y el costo político interno de una depresión.


El "Privilegio Exorbitante" —la capacidad de EE. UU. de financiar su deuda imprimiendo la moneda de reserva mundial— descansa sobre el petrodólar. Este sistema obliga al mundo a acumular dólares para adquirir energía. Al permitir que Irán y los BRICS+ operen en yuanes, este monopolio se fractura. Si el petróleo fluye fuera del circuito del dólar, el privilegio deja de ser un activo para convertirse en una deuda que EE. UU. ya no puede exportar y difícilmente sostener.


Esta erosión impacta directamente en Wall Street. Durante décadas, los excedentes de capital del Golfo han regresado a EE. UU., inflando las valoraciones de las Siete Magníficas (Nvidia, Google, Apple, Meta, etc.). Si este flujo se desvía hacia la Nueva Ruta de la Seda, el motor de crecimiento estadounidense podría frenarse por falta de liquidez.


Más que victorias militares, a Irán le basta con instalar en el sentido común mundial que el sistema alternativo es más seguro, físico y barato. Esta es la esencia de la interdicción sistémica: mientras el modelo de defensa de EE. UU. se ha vuelto una carga financiera insostenible —un impuesto de protección demasiado caro para una industria poco compatible con las nuevas exigencias de la guerra en real time—, la arquitectura propuesta por el eje euroasiático (Rusia, China e Irán) se basa en el intercambio de recursos reales y tecnología de bajo costo. Al transar petróleo por infraestructura o manufactura en yuanes, se elimina el riesgo de la arbitrariedad punitiva del sistema SWIFT y se evita la inflación exportada por el dólar. Cuando el mercado global percibe que el protector tradicional ya no puede asegurar el flujo sin arruinarse, y que la alternativa de los BRICS+ funciona con activos tangibles, la transición ocurre por gravedad financiera propulsada por economías de red. La hegemonía termina cayendo por obsolescencia frente a un sistema más efectivo y autónomo.


Washington se encuentra ante un "mate ahogado" geopolítico:


Facilitar el flujo: Mantener precios acotados de la energía para evitar la crisis doméstica, a costa de alimentar la alternativa del Yuan, autolimitar sus ataques a Irán y aceptar la sustitución del dólar.


Guerra y Bloqueo: Buscar restaurar la primacía por la fuerza, asumiendo una depresión financiera global y un costo político potencialmente catastrófico para la Casa Blanca.


Para una economía pequeña y abierta como Chile, este escenario es un llamado de alerta. En un mundo donde el privilegio del dólar se disuelve, el cobre, el litio y el potencial de energía solar y eólica dejan de ser commodities para convertirse en activos de soberanía. La seguridad ya no vendrá de un solo paraguas de protección, sino de la capacidad de ser un nodo indispensable en múltiples redes, como socio del mundo.


Para los directorios, la lección es clara: el pensamiento estratégico basado en los medios propios y en externalidades de red supera a la rigidez de la predicción y la precisión tradicionales. La mejor estrategia es volverse indispensable para aquellos stakeholders que pueden asegurar su supervivencia.


Gonzalo Jiménez Seminario – CEO de Proteus Management & Governance y profesor adjunto de Ingeniería UC

europapress