En Chile, la salud en el entorno laboral se ha gestionado históricamente bajo una lógica de reacción. Las empresas suelen activar sus protocolos cuando el síntoma ya es evidente, cuando la licencia médica ya está emitida o cuando la productividad ya se ha visto mermada. Sin embargo, el Día Mundial de la Salud nos encuentra en un punto de inflexión: o seguimos administrando la enfermedad, o comenzamos a gestionar el bienestar de manera proactiva.
Hoy contamos con el Decreto 44, una normativa que exige identificar, evaluar y prevenir riesgos. Pero seamos críticos: para muchas organizaciones, este decreto se ha convertido en un "check" administrativo más que en una herramienta de transformación real. La prevención no puede ser un expediente que se completa una vez al año; debe ser un proceso vivo. El error sistémico ha sido separar la salud de la jornada laboral, obligando al trabajador a elegir entre su bienestar y sus responsabilidades.
Esta dicotomía es la que genera diagnósticos tardíos. La realidad país nos muestra que la falta de tiempo y las barreras de acceso son los principales enemigos de la detección temprana. Cuando una persona posterga un chequeo preventivo básico por meses debido a la rigidez del sistema, no solo se pone en riesgo ella, sino que se debilita la resiliencia de toda la organización. Es aquí donde las empresas deben asumir un rol protagónico: llevar la salud al lugar donde ocurre la vida, es decir, al trabajo.
Integrar programas de salud in-company no es solo una estrategia de Recursos Humanos; es una decisión financiera y ética de alto impacto. Los beneficios son medibles: una disminución real del ausentismo y una mejora sustancial en la continuidad operacional. Pero el valor más profundo, y el que más nos cuesta cuantificar, es el contrato psicológico. Un trabajador que recibe su chequeo médico en su lugar de trabajo se siente visto, valorado y respaldado.
Para avanzar, debemos superar la visión de la prevención como un costo. Lo que hoy se ahorra en programas preventivos, se paga mañana con creces en licencias prolongadas y rotación de personal. El llamado es a las gerencias generales y directorios: la salud laboral debe salir del silo de la prevención de riesgos tradicional para integrarse en la estrategia del negocio. Solo acercando la salud a las personas lograremos construir organizaciones no solo más productivas, sino profundamente más humanas y sostenibles en el tiempo.
Por: Eduardo Burstorf, CEO de Besplus.