Sandra Alcina Académica Facultad de Administración y Negocios Universidad Autónoma de Chile

​Más que combustible

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El alza de los combustibles no es un fenómeno aislado. Es uno de los factores más sensibles dentro de la estructura de costos de cualquier economía. Cuando el precio de la bencina o el diésel aumenta, el transporte se encarece, y con ello también lo hacen los alimentos, los servicios y prácticamente todos los bienes que dependen de la logística para llegar a las personas.


En términos simples, se trata de un efecto en cadena. Lo que sube en el origen el combustible se traslada inevitablemente al consumidor final. Así, incluso quienes no tienen vehículo propio terminan pagando el impacto.


Pero más allá de lo económico, hay una dimensión social que muchas veces queda fuera del debate. En Chile, miles de familias destinan una parte importante de sus ingresos al transporte. Para muchos estudiantes, el costo del pasaje define si pueden asistir a clases, rendir una prueba o simplemente continuar con su formación.


Desde la docencia en el área de costos, enseñar estos conceptos ya no es únicamente explicar cifras o modelos. Es acompañar a estudiantes que ven cómo la teoría económica se materializa en sus propias dificultades diarias.


Por eso, el análisis del precio de los combustibles no puede limitarse a indicadores o porcentajes. Debe considerar su impacto real en las personas, especialmente en aquellos hogares donde cada gasto cuenta. Porque cuando sube la bencina, no solo sube un precio, sube el costo de vivir.


Sandra Alcina

Académica Facultad de Administración y Negocios

Universidad Autónoma de Chile

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