Carlos Fuentealba Merino, Instituto de Humanidades Francisco de Asís de Lota

​La protección de la infancia en el inicio de clases

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Sr. Director,


Las últimas cifras dan cuenta de una alarmante tendencia en alza. Datos entregados por la Defensoría de la Niñez revelan que, durante 2024, 57 niños, niñas y adolescentes entre 10 y 17 años fallecieron por lesiones autoinfligidas. El mismo diagnóstico evidencia que, entre 2019 y 2024, aumentó la cantidad de adolescentes de cuarto medio que afirman sentirse solos (10,7%).


Más allá de los números, estas cifras representan alertas que como sociedad no podemos ignorar. Para quienes formamos parte del sistema educativo, estas estadísticas interpelan de manera directa, especialmente en un momento como el inicio del año escolar.


El regreso a clases es una oportunidad para que el colegio observe, detecte y actúe tempranamente frente a posibles vulneraciones de derechos que puedan estar afectando a sus estudiantes, fortaleciendo así la protección y el bienestar integral de los estudiantes.


Muchas veces, las primeras señales de alerta aparecen en detalles que, a simple vista, podrían parecer menores. Un estudiante que comienza a aislarse o a buscar constantemente estar solo; cambios bruscos en su estado emocional; conductas agresivas o, por el contrario, un silencio inusual. También pueden aparecer señales físicas o conductuales, 

descuido en la higiene o la alimentación, ropa sucia o descuidada, somnolencia permanente o reiterados atrasos a clases.


Cuando detectamos estas señales, los docentes y el entorno educativo cumplimos un rol de contención emocional primaria, para luego coordinar acciones con jefatura de curso y departamento de convivencia educativa, junto con la derivación a instituciones externas. Luego se transparenta la situación y se realiza un trabajo colaborativo con la familia. 


En nuestro colegio, Instituto de Humanidades Francisco de Así, creemos que la escuela no solo es un espacio de aprendizaje académico, sino que también es un entorno protector. En un contexto donde muchos niños y adolescentes enfrentan realidades difíciles, el rol de la comunidad educativa se vuelve aún más relevante. Porque lo importante es escuchar, acompañar y contener a las y los estudiantes.


Carlos Fuentealba Merino,

Director Convivencia Educativa y Formación del Instituto de Humanidades Francisco de Asís de Lota

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