​El salmón chileno y el desafío de incidir en las reglas globales

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Loreto Seguel (2)

En el comercio internacional actual, producir bien ya no es suficiente. Países que cumplen con todos los estándares pueden perder competitividad igualmente. La razón es simple. Las reglas del juego, sanitarias, ambientales y reputacionales, no son neutrales. Se definen. Y quien no participa en esa conversación, termina adaptándose a decisiones tomadas por otros.


En ese escenario, la salmonicultura chilena, uno de los principales sectores exportadores del país, enfrenta un punto de inflexión. El riesgo ya no es solo vender menos, sino quedar fuera de los espacios donde se determina cómo se competirá en el futuro.


Aquí es donde la diplomacia empresarial deja de ser un complemento y pasa a ser una herramienta estratégica.


El movimiento del Consejo del Salmón apunta en esa dirección. Más allá de su despliegue internacional, lo relevante es el cambio de enfoque: dejar atrás una lógica reactiva —centrada en cumplir exigencias externas— y avanzar hacia una estrategia proactiva, orientada a incidir en la construcción de esas mismas reglas.


El caso de Estados Unidos es ilustrativo. En el principal mercado de destino, las discusiones sobre sostenibilidad, trazabilidad y competencia se han intensificado. Cumplir ya no diferencia. La capacidad de participar en los espacios donde se definen esos estándares comienza a ser un factor competitivo en sí mismo.


Japón plantea un desafío distinto, pero igualmente exigente. En un mercado donde la calidad es condición de entrada, influir en estándares implica anticipar tendencias que luego se proyectan globalmente. No se trata solo de posicionamiento comercial, sino de participar en la definición de lo que se entenderá por calidad en el futuro.


Europa, por su parte, concentra buena parte de la capacidad regulatoria global. Muchas de las normas que impactan a la industria nacen o se consolidan en ese espacio. Participar en instancias técnicas y multilaterales permite algo más que adaptarse: abre la posibilidad de incidir en procesos que, de otro modo, se imponen sin contrapeso.


En mercados como Brasil, donde las reglas aún están en evolución, la coordinación entre sector privado, Estado y red diplomática puede definir tanto el acceso como la estabilidad de las condiciones de competencia. No es solo apertura de mercado; es gestión estratégica del entorno.

La relación con Noruega, referente global en la industria, agrega otra dimensión. En sectores intensivos en conocimiento, la competencia no excluye la colaboración. La transferencia de prácticas, estándares y tecnología puede fortalecer la posición competitiva en lugar de debilitarla.


Este enfoque tiene, además, un efecto menos visible pero igualmente relevante: traer la discusión global al ámbito local. Espacios como ferias internacionales realizadas en Chile permiten no solo mostrar la industria, sino también construir legitimidad frente a actores externos, en terreno.


Porque ese es, en el fondo, el otro frente crítico. La salmonicultura chilena continúa enfrentando cuestionamientos ambientales, regulatorios y reputacionales. Y en un entorno donde la percepción incide crecientemente en las decisiones de mercado, no participar en la conversación equivale a ceder influencia.


La experiencia reciente muestra que llegar tarde a estas discusiones tiene costos. Durante años, la estrategia predominante fue adaptarse a estándares definidos fuera del país. Corregir ese rezago exige no solo presencia internacional, sino también una articulación más consistente entre sector privado y Estado.


La diplomacia empresarial no reemplaza la competitividad productiva, pero sí la hace posible en un entorno cada vez más exigente. Porque hoy los mercados no solo compiten, también construyen, negocian y se definen antes de que los productos lleguen a destino. Y ahí, la capacidad de incidir, de articular al sector público y privado, de anticiparse y de estar presentes, pasa a ser fundamental. Porque en el comercio global, no participar en la definición de las reglas es renunciar a competir y dejar que otros decidan por nosotros. Chile no puede darse ese lujo si quiere alcanzar la meta y el propósito de ser líderes en la acuicultura mundial.


Loreto Seguel

Presidenta Ejecutiva del Consejo del Salmón

europapress