El trabajo dignifica a la persona humana. Esa ha sido una máxima a lo largo de toda la historia de la humanidad. Y todas las luchas laborales que se han dado lo ha sido siempre en el contexto de una relación humana, entre personas, entre trabajadores y empleadores. De hecho, nuestro Código del Trabajo se construye sobre la base de relaciones entre trabajador y empleador y que dicha relación debe siempre darse en un plano y trato que sea compatible con la dignidad de la persona. Sin embargo, hoy en día y desde hace ya un tiempo atrás el avance tecnológico ha incorporado en esta relación a “un tercero” que precisamente no se destaca por ser humano, no siente, no sabe lo que es un buen trato, respeto, dignidad, licencias médicas ni nada relativo con las relaciones entre personas. Me refiero a la Inteligencia Artificial (IA). En términos muy simple, la misma IA se define como “la capacidad de una máquina o software para realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como aprender, razonar, tomar decisiones o entender lenguaje”. Es realmente impresionante cómo ingresando una determinada información la IA te da soluciones o por lo menos te hace partir algún proyecto, idea o lo que sea tres peldaños más arriba. Eso se traduce en ahorro de tiempo, pero también de esfuerzo. Vamos a un supermercado y cada vez hay menos cajeros humanos, pues han sido reemplazados por máquinas donde cada uno marca su producto y luego paga. Lo mismo sucede en las estaciones de servicios, cadenas de comida rápida. Ir al Banco es cada vez menos recurrente. Para qué decir usar cheques si hoy en día todos los medios de pago operan electrónicamente. Vemos en todos estos simples ejemplos cómo la persona va siendo cada vez más desplazada por los medios tecnológicos y cómo cada vez más muchos trabajos terminarán, más temprano que tarde, simplemente reemplazados o por lo menos atomizados por la IA. Cada vez se necesitarán, para muchos trabajos, menos personas. Entonces cuando escucho en un cierto sector de la clase política chilena querer impulsar con vehemencia proyectos de ley para establecer, por ejemplo, la Negociación colectiva Ramal, la verdad de las cosas es que les pediría que ese tiempo se destinara a discutir los temas de futuro laboral y dejar atrás una mirada cada vez más obsoleta del trabajo. Es hora de “pensar” cómo se enfrentará a este “tercero” invisible que ya está alternado e incluso exterminando a muchos trabajos que se quiere resguardar con una iniciativa como ya la mencionada. No hay tiempo que perder. Que habrá trabajos que no serán amenazados por la IA evidentemente que los habrá, principalmente aquellos más técnicos o materiales, pero en muchos otros casos seguramente ya no será necesario contar con personal humano. La IA no solo impacta, como ya lo he esbozado, al trabajo en sí mismo y en su calidad; en las remuneraciones; en las oportunidades; en la calidad de las relaciones y en muchos otros aspectos sino principalmente en la misma persona humana y en su dignidad. Hacia allá debe dirigirse con la mayor premura todas las iniciativas y esfuerzos en materia del trabajo, antes que sea demasiado tarde.
Mauricio Maturana C.
Abogado