El Observatorio del Comercio Ilícito y Seguridad (OCIS) de la Cámara Nacional de Comercio (CNC) realizó una nueva sesión, instancia que marcó el inicio del trabajo de la entidad durante 2026 y que contó con la exposición del consultor y experto en seguridad Pablo Zeballos, quien abordó el fenómeno de las economías criminales resilientes y las dinámicas del crimen organizado en la región.
La sesión fue encabezada por el presidente de la CNC, José Pakomio, quien destacó que el Observatorio cumplió diez años desde su creación, consolidándose como un espacio de colaboración público-privada para enfrentar el comercio ilícito y sus múltiples impactos en la economía y la seguridad del país. “Hace una década la CNC impulsó esta iniciativa pionera con el propósito de relevar en el debate público un fenómeno que ya comenzaba a afectar con fuerza al comercio formal, a los consumidores y a la seguridad de nuestras ciudades. Hoy sabemos que se trata de un desafío complejo, que trasciende lo económico y que está estrechamente vinculado con fenómenos como la informalidad, la evasión, el contrabando y el crimen organizado”, señaló.
Asimismo, Pakomio destacó que el Observatorio ha buscado contribuir activamente al debate público en un contexto marcado por la instalación de nuevas autoridades de gobierno y del Congreso. En esa línea, recordó que el OCIS presentó recientemente 35 medidas concretas orientadas a fortalecer la capacidad del país para enfrentar el comercio ilícito, la seguridad pública y el comercio ambulante. “Estas propuestas representan un esfuerzo colectivo de análisis y construcción de soluciones. Esperamos contar con la colaboración de todos, sector público, privado y mundo académico, para avanzar en su desarrollo y cumplimiento”, afirmó.
Finalmente, el presidente de la CNC planteó la necesidad de avanzar hacia una Política Nacional contra el Comercio Ilícito, iniciativa que surgió desde el trabajo del Observatorio y que el gremio buscará impulsar ante las nuevas autoridades. “El desafío que enfrentamos es grande, pero también lo es la convicción de que, a través de la colaboración y el compromiso de todos, podemos avanzar hacia un país con mercados más justos, ciudades más seguras y un comercio que se desarrolle en un marco de respeto a la normativa vigente”, concluyó.
Durante la sesión, el consultor y experto en seguridad Pablo Zeballos presentó un análisis sobre la evolución del crimen organizado en América Latina y su creciente impacto en las economías de la región, poniendo especial énfasis en el concepto de “economías criminales de resiliencia”, que hoy funcionan como soporte financiero de múltiples actividades ilícitas. Zeballos explicó que el crimen organizado es un fenómeno complejo, dinámico y difícil de encasillar, que cambia constantemente y se adapta a los contextos políticos, regulatorios y económicos. En ese marco, planteó que para comprender su evolución en América Latina es útil observar lo que denominó “olas del crimen organizado”, es decir, distintas etapas históricas en la forma en que estas estructuras operan y se expanden.
Según detalló, la primera ola estuvo marcada por organizaciones centradas en un solo producto y una sola ruta. Un ejemplo emblemático fue el caso de Pablo Escobar, quien comenzó como contrabandista y luego consolidó el Cartel de Medellín, enfocándose en la producción y envío de cocaína hacia Estados Unidos a través del Caribe, reinvirtiendo posteriormente las ganancias en Colombia. La segunda ola estuvo liderada por estructuras más sofisticadas, como el Cartel de Cali en Colombia y el Cartel de Guadalajara en México, que ampliaron las rutas y la distribución del narcotráfico hacia Centroamérica y Norteamérica. Zeballos explicó que los cambios en las rutas o en los productos más rentables suelen ir acompañados de episodios de violencia, producto de las disputas por el control de estos mercados.
La tercera ola, agregó, incorporó la participación de grupos armados y actores políticos, como ocurrió con las FARC en Colombia, que combinaron control territorial, economías ilícitas y poder político. Actualmente, América Latina se encuentra en lo que Zeballos denominó la cuarta ola del crimen organizado, caracterizada por la presencia de actores criminales transnacionales, una mayor diversificación de actividades ilícitas y una hiperconexión entre distintos mercados criminales, que incluyen narcotráfico, trata de personas, contrabando, minería ilegal y extorsión.
El especialista explicó que estas organizaciones comparten tres componentes clave: un poder económico significativo, capacidad de control territorial y una fuerte influencia en los sistemas de corrupción. A través de estos mecanismos, pueden infiltrar instituciones, comprar voluntades en distintos sectores e incluso establecer relación actores políticos, independientemente de su orientación ideológica. En muchos casos, advirtió, estas estructuras logran construir poder de negociación con el Estado, aprovechando el control territorial y social que ejercen en determinadas zonas.
Zeballos subrayó que el narcotráfico continúa siendo el principal motor de expansión de las economías criminales, pero hoy se complementa con otras actividades altamente lucrativas, como la minería ilegal y la extorsión, que en algunos países se ha convertido en el “sueldo permanente” de muchas organizaciones criminales mediante cobros sistemáticos por protección. Asimismo, explicó que el crimen organizado funciona dentro de un ecosistema altamente interconectado, donde confluyen economías ilícitas, corrupción, flujos financieros internacionales, migración irregular y paraísos fiscales. En este sistema conviven factores de estabilidad, como las redes financieras que permiten mover recursos, y factores de inestabilidad, como la violencia que se genera en la disputa por los mercados criminales.
En este contexto, el experto señaló que para que el crimen organizado se consolide deben confluir tres variables fundamentales: la existencia de economías ilícitas que generen ganancias significativas; la presencia de estructuras criminales capaces de explotar esos mercados mediante violencia y control, y condiciones sociales que faciliten su expansión, como pobreza, informalidad o desescolarización, que favorecen el reclutamiento de jóvenes. El objetivo final de estas organizaciones indicó, es transformar las ganancias ilícitas en capital dentro de las economías formales, utilizando mecanismos como el contrabando, la infiltración en empresas o la comercialización de productos falsificados.
En ese marco, Zeballos destacó el rol de las llamadas economías criminales de resiliencia, que operan como sistemas de financiamiento estable para el crimen organizado. Estas actividades suelen tener bajo riesgo penal, alta demanda y gran capacidad de adaptación logística, lo que permite sostener financieramente otras operaciones criminales de mayor riesgo. Uno de los ejemplos más claros es el comercio ilícito de tabaco, que calificó como una de las economías criminales de resiliencia más relevantes. Según explicó, este mercado presenta una demanda constante, requiere una inversión relativamente baja y cuenta con redes logísticas fácilmente adaptables. Además de financiar otras actividades ilícitas, estas economías generan importantes pérdidas fiscales para el Estado, debido a la evasión de impuestos.
Finalmente, Zeballos advirtió que muchas de estas actividades ilícitas no reciben suficiente atención pública, ya que suelen percibirse como delitos menores en comparación con fenómenos como el narcotráfico o la violencia organizada. A esto se suma que, en algunos casos, están normalizadas socialmente o integradas a la vida cotidiana, lo que dificulta su combate. “Cuando estas economías ilícitas se toleran o se minimizan, terminan fortaleciendo el sistema financiero del crimen organizado”, concluyó, advirtiendo que el fenómeno del crimen organizado no solo afecta la seguridad, sino que también permea progresivamente la economía y la vida social de los países.