¿Recuperar la FECH?

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Luis Riveros ok

Ha llamado la atención que, a horas de dejar su cargo, el presidente Boric haya hecho un llamado a “recuperar” la FECH. Sin embargo, durante todo su mandato nunca existió una iniciativa concreta para darle forma y tareas al movimiento estudiantil, estimulando la creación de espacios para su contribución en la discusión de políticas e iniciativas. En general, la administración saliente prefirió un movimiento estudiantil ausente, para lo cual no se crearon siquiera instancias de participación en la elaboración de políticas trascendentales para el futuro del sistema como ha sido el caso, por ejemplo, del financiamiento estudiantil. Se perdió la oportunidad de involucrar a los estudiantes en temas de política pública, lo cual debiera ser parte de su formación integral como futuros profesionales.



Pero la cuestión va más allá. Cuando se habla de la FECH y del verdadero proceso de decadencia que ha vivido, no debe olvidarse que esta generación de gobernantes fue, en años anteriores, su equipo directivo. En efecto, desde el propio Boric y varios de sus ministros (as) ocuparon el cargo de Presidente de la FECH mientras otros también expresidentes, ocuparon cargos subalternos en diferentes reparticiones públicas. Su estilo de gestión a cargo del organismo estudiantil consistió en alentar conflictos con argumentos débiles y a veces falaces, que al final resultaban en una decepción generalizada para el mundo estudiantil. Muchas veces las “tomas”, las acciones propagandísticas, las marchas y huelgas prolongadas tenían justificaciones muy discutibles que condujeron progresivamente al desencanto de los propios estudiantes con la organización estudiantil. Pero el problema no radicaba esencialmente en la plataforma de demandas, sino en el uso y manipulación de las mismas para objetivos políticos no necesariamente universitarios ni propiamente estudiantiles. Se construyeron así proyectos políticos que favorecían a los estamentos directivos, pero no necesariamente a una comunidad de estudiantes que esperaban se hubiese abordado problemáticas de fondo. Sólo al final se pudo, por ejemplo, aprobar un estatuto de la Universidad de Chile que permitió que la participación estudiantil contribuyera a la idea de “discutir sobre universidad”. Pero en general no existió esa motivación y la conflictividad evaporó las legítimas discusiones sobre aspiraciones estudiantiles haciendo, además, uso de los recursos de la FECH en proyectos y acciones a veces de dudosa justificación.


El resultado condujo a un sucesivo declinar en la participación del estudiantado en los procesos eleccionarios de la FECH, llegando al punto en que no pudo ni siquiera cumplir con los mínimos establecidos en su propia normativa. Simplemente: los estudiantes dejaron de creer en la institucionalidad estudiantil más que centenaria. Un reciente proceso de redefinición de los Estatutos se ha animado a “revivir” la FECH; pero seguirá pendiente el problema no menor del uso de la organización por directivos y movimientos políticos no estrictamente comprometidos con una plataforma universitaria ni vinculada a la discusión transparente de la política pública.


El llamado de Boric a “recuperar” la FECH parece ser un nuevo intento de rescatar una organización histórica para llevar adelante plataformas políticas vinculadas más bien a la contingencia.


Prof. Luis A. Riveros

Emérito Universidad de Chile

europapress