Discurso ministro Carlos Montes en acto de cumplimiento del Plan de Emergencia Habitacional

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(www.minvu.gob.cl)


Palacio de La Moneda, Santiago, 9 de marzo de 2026 Voy a contar algo. Hace cuatro años había tomado la decisión de no seguir en cargos políticos. Sentía que había cumplido una etapa en el Congreso. Por eso no fui al Senado nuevamente. Tenía otros planes.


Todo eso cambió cuando el Presidente Gabriel Boric me invitó a que fuera parte de su gabinete. Me planteó otras posibilidades, pero concordamos en que el Ministerio de Vivienda y Urbanismo era la mejor opción, con desafíos que me hacían mucho sentido. Tenía claro que era un desafío complejo. Estábamos en un momento político, económico y social difícil y enfrentaríamos muchos obstáculos. Como es obvio, la realidad sobrepasó toda proyección. Llegar hasta aquí en estos cuatro años no fue fácil.


He seguido al sector vivienda por décadas. Antes, los logros en la materia estaban estrechamente vinculados a los recursos disponibles. Existiendo fondos, la producción de vivienda se multiplicaba.


En cambio, cuando asumimos el sector de la construcción estaba deprimido económicamente por la pandemia y afectado profundamente por la crisis social. Muchos proyectos estaban ralentizados y otros tanto paralizados. Existían dificultades para acceder al crédito tanto para empresas como para la familia por las elevadas tasas de interés y el precio de los insumos se había disparado.


Enfrentábamos un gran desafío. Teníamos que cumplir nuestro compromiso con las familias que durante años habían esperado por una vivienda. Para ello debíamos también contribuir a que el sector se levantara. De lo contrario no podríamos cumplir la meta.


Han pasado cuatro años. Hoy, a la hora del balance, solo puedo decir que haber sido ministro de Vivienda y Urbanismo de este gobierno ha sido para mí un gran honor y un motivo de inmenso orgullo.


Por muchas razones.


Primero, por la invaluable oportunidad de haber podido encabezar una cartera con más de 6.500 funcionarios y funcionarias que se jugaron permanentemente para sacar adelante el Plan de Emergencia Habitacional, redoblando los esfuerzos y acelerando el ritmo.


La meta de entregar 260 mil viviendas era ambiciosa, más que por el número, con las condiciones ya señaladas. Eso nos obligó a repensar la política habitacional de manera realista. No pretendimos cambiarlo todo. No buscamos hacer borrón y cuenta nueva. Ya conocíamos malas experiencias de un ministro que pasó tres años haciendo un decreto y se le terminó el período.


Trabajamos desde lo que somos como ministerio, sin mayores incorporaciones, con nuestra misma gente. Fortalecimos las capacidades y diversificamos los caminos de acceso a la vivienda, porque la misma receta nos sirve para todo. Hoy tenemos trece alternativas para acceder a la vivienda.


Nos formamos la convicción de que debíamos recuperar el rol del Estado como garante de derechos y la facultad de planificar a largo plazo. Forzamos la capacidad del ministerio, movimos el aparato público, mejoramos la relación con otros organismos, con otros ministerios. Muchas gracias a los ministros acá presentes, particularmente el de Bienes Nacional.


Dialogamos con todos los sectores. Impulsamos una agenda de modernización. Discrepo de quienes pretenden reducir la relevancia del Estado. Las funcionarias y funcionarios han sido la columna vertebral de este esfuerzo y estoy seguro de que continuarán trabajando con el mismo ímpetu en los próximos años. A cada uno de ellos y ellas, muchas gracias. Varios están acá. Muchas gracias.


Segundo, me parece sustantivo que, tras largas décadas, la política habitacional está hoy bastante más cerca de convertirse en una política de Estado. Reflejo de ello es la decisiva contribución que hizo el Congreso aprobando por todos los sectores la Ley 21.450 del Plan de Emergencia Habitacional y su prórroga también hasta 2029, refrendada por la unanimidad de senadores y diputados. Ello es una muestra de que en temas como este no debe haber cabida para la disputa política pequeña.


Siento una gran satisfacción porque hayamos convertido este desafío en una tarea nacional, del país, y en una tarea colectiva. Que más de 260 mil familias accedieron a la vivienda en estos cuatro años es una conquista que todos podemos y debemos sentir como propia. Lo digo con sinceridad. Todos aportamos de una u otra manera, gobierno y oposición, funcionarias y funcionarios, sector público y privado, empresas y trabajadores, dirigentes, familias y organizaciones sociales.


Este plan va más allá de un gobierno. Es una política de Estado que debe perdurar en el tiempo para responder a las 491 mil familias que aún no cuentan con un techo. Ciertamente, cada gobierno pondrá sus énfasis y buscará perfeccionar lo realizado. Pero hay una visión común, lo que facilita los avances y otorga confianza a quienes esperan soluciones.


Tercero, ligado a lo anterior, creo fundamental haber podido estrechar la relación con las empresas. Siempre he creído, y más aún hoy, en la asociación público-privada. Creamos mesas de trabajo nacionales y regionales. Detectamos los obstáculos, dificultades de financiamiento, costo de los insumos, retardos en los permisos y complicaciones normativas. Trabajamos con los representantes de la Cámara Chilena de la Construcción de todas las regiones. Valoramos especialmente el aporte de los trabajadores de la construcción y de otras empresas. Eso es precisamente lo que buscábamos.


Quiero decirlo con claridad. Esta meta es más que un número. Eso es un horizonte en un desafío colectivo. Es una guía que nos muestra a todos a dónde queremos llegar y que no se agota nunca mientras existan hogares que requieran un lugar donde vivir.


Cuarto, quiero valorar profundamente el rol de los comités de vivienda y de las familias. Su participación y compromiso fue decisivo para el éxito de esta iniciativa. Con profunda convicción no veo a estos dirigentes y familias como beneficiarios. No creo que sean receptores pasivos de ayudas del Estado. Pienso que son co-creadores de respuesta.


Y así ha sido en la vida. Su esfuerzo organizativo en las postulaciones y después en crear comunidad son la parte más significativa del proceso. Valoramos ese rol. Ello nos llevó a crear un centro para la formación de dirigentes y también a buscar distintos caminos de información a la comunidad, como programas radiales y material gráfico. Saludo a todos los dirigentes de comités de vivienda que están acá.


En quinto lugar, hemos logrado seguir subiendo el estándar de la vivienda pública. Avanzamos en mejorar la calidad de las viviendas públicas con un tamaño adecuado, de alrededor de 55 metros cuadrados. No hay que olvidarse que los Presidentes Frei Montalva y Salvador Allende entregaban viviendas en 90, 60 y 40 metros cuadrados, dependiendo del tamaño de la familia. Estamos recuperando parte de lo que la historia llegó a construir.


Viviendas más grandes, aislación y envolvente térmica. ventanas de termopanel, buenas terminaciones y un entorno digno, con espacios públicos y áreas de recreación. Y hoy día, estacionamientos también. Me quedó claro y me quedó muy grabada la frase de una dirigenta cuando recibió su casa. Decía, aquí podemos vivir, encontrarnos, cuidarnos y proyectar vida con mayor dignidad.


Tenemos que superar la segregación de nuestras ciudades. Muchas de nuestras ciudades son consideradas en el mundo como las más segregadas. Para eso es fundamental la consolidación del Banco de Suelo Público, porque permite retomar el rol del Estado en la gestión de suelo bien ubicado, con buena conectividad, con centros de salud, con escuelas. No en los bordes lejanos, donde no hay nada.


Reunimos más de 2.800 hectáreas con aptitud habitacional a través de alianzas estratégicas y la colaboración de servicios públicos. Consolidar ese banco permitirá a futuros gobiernos seguir avanzando con mayor celeridad.


Estamos convencidos de que la integración social, el vivir juntos, los que tienen características sociales y culturales distintas, nos ayuda a vivir en comunidad. La integración social nos ayuda a vivir en comunidad y que solo en comunidad somos capaces de responder a los múltiples desafíos que se nos presentan día a día en las poblaciones, en los condominios y en los barrios. Desde ahí nos enseña el alcalde de Nueva York que se va construyendo de otra manera la sociedad.


Resumiendo, recuperamos el músculo productivo del Estado con el esfuerzo de todos. Cumplimos la tarea de entregar más de 260 mil soluciones en cuatro años. Más que eso, dejamos las bases para avanzar hacia una producción cercana a las 100 mil viviendas anuales. Partimos 65 mil y hay bases para llegar a esa cantidad. Cifra que permitiría satisfacer el déficit habitacional en plazos mejores.


Nos jugamos para introducir vivienda con innovación y tecnología. Promovimos el desarrollo del nuevo sector industrial en el país. La vivienda social industrializada, una modalidad de construcción más rápida, moderna y con menor impacto laboral y ambiental. Y esperamos que con menos costos también. Aquí se encuentra buena parte, los más destacados gerentes, dueños de estas empresas industrializadoras. Pedimos un aplauso con mucha fuerza para ellos.


En homenaje a este encuentro, a las 06:00 de la mañana, Santa Magdalena partió desde Temuco con una caravana con viviendas industrializadas que empiezan a instalar hoy día mismo en Bulnes. Porque queremos responder a la reconstrucción con esa fuerza y potencia.


Queremos decir también que el 57% de la inversión inmobiliaria total en el país, directa e inducida, fue de vivienda pública gracias al Plan de Emergencia Habitacional. Se hablaba de la crisis de la vivienda, de la crisis inmobiliaria, pero la vivienda pública tenía este dinamismo. Aportamos a la producción y al empleo también.


Descentralizamos la respuesta. Entregamos alternativas en todo Chile, en el 97% de las comunas del país, en lugares donde el Estado no llega bien. Estuvimos construyendo viviendas en Rapa Nui, que el Presidente visitó estos días, y también entregamos este fin de semana, en Puerto Williams, 45 viviendas.


Procuramos reforzar el tejido social y contribuir a la organización y desarrollo de los comités de vivienda. Hemos dicho que no buscábamos construir solo techos. Nuestro propósito ha sido construir ciudades más justas, que nos integren a todos, que nos permitan construir barrios amables y armar comunidad. Nos apoyamos en la participación ciudadana para transformar los barrios, para avanzar en equidad territorial, en seguridad y en mejor calidad de vida.


En esa línea se inscriben los históricos programas Quiero Mi Barrio, Pavimentación Participativa y Pequeñas Localidades, y especialmente los 12 nuevos barrios emblemáticos como Kaukari, Maestranza y Ciudad del Niño.


Destacamos también los numerosos avances legislativos que logramos. Diversas leyes aprobadas en este período permitirán destrabar los procesos constructivos, agilizar los permisos de edificación, reducir los tiempos de aprobación de las obras y otorgar mayor certeza a los desarrolladores.


Asimismo, es sustantiva la aprobación de la ley que mejora el sistema de planificación territorial. Buena parte de los planes reguladores están desactualizados o contienen normas que dificultan la implementación de viviendas sociales.


Sabemos que falta mucho todavía. Y también sabemos que hubo asuntos en que no avanzamos al ritmo esperado.


En mejoramiento de vivienda terminamos 281 mil viviendas mejoradas, pero hay muchas más que lo requieren por sus bajos estándar o viviendas con deterioro por asbesto.


No logramos la ley de parcelaciones. Es muy grave que Chile tenga un sistema de parcelas de agrado, que dividen el territorio en 350 mil parcelas de agrado, que van impidiendo tener una perspectiva de largo plazo, de cuidarla para la agricultura, para la vivienda y para todo. No logramos esa ley.


Los campamentos son también uno de los pendientes. Solo logramos el 62% de la meta, dice de Techo y su capellán. Aunque se redujo el número de campamentos de 1.432 en 2024 a 1.250 en 2026. En los últimos años han adquirido características más complejas, con especulación y venta ilegal de terreno. La migración ha tenido un impacto también, positivo y negativo. Es un problema no solo de falta de vivienda en los campamentos. Antes que nada, es un problema de pobreza que existe en Chile.


También muy fuerte ha sido asumir que Chile es un país de catástrofes y permanentemente hemos sufrido el efecto de desastres de distinto tipo, y estos serán cada vez más recurrentes de acuerdo a todos los estudios. Vamos a tener más situaciones de catástrofe.


Este gobierno, óiganlo bien, debió asumir 27 procesos de reconstrucción de administraciones anteriores, seguir adelante con ellas, y enfrentar 16 nuevas catástrofes producidas en este tiempo. Hace dos semanas entregamos en Tierra Amarilla viviendas de reconstrucción de los desastres de 2015 y 2017. Recién se terminan ahora en este período.


Necesitamos una institucionalidad que se haga cargo de la gestión de la reconstrucción. Es muy duro para las familias el tiempo que demora entre la catástrofe y el volver a una vivienda adecuada. Nuestro gran aprendizaje en estos años, sobre todo en Viña del Mar, Villa Alemana y Quilpué, es que el Estado no cuenta con las herramientas necesarias para hacerse cargo de problemas de esta magnitud. Más facultades, más capacidad, más estructura. No puede ser que los muros de contención, con el sistema de que están licitando para allá y para acá, nos hemos demorado incluso hasta 11 meses.


Tuvimos que funcionar con los tiempos burocráticos normales, cuando necesitamos fórmulas más expeditas. Se requieren otros instrumentos. Las familias necesitan respuestas más rápidas de las que el Estado, como está hoy día, puede dar. Debemos avanzar de manera urgente en este tema. De todas maneras, avanzamos todo lo posible para que la próxima administración concluya el proceso habitacional en Viña y Quilpué. Están los proyectos, están los permisos, está las empresas. Es necesario empujar este proceso.


Esperamos que el próximo gobierno continúe por esta senda. Deseamos con toda franqueza que le vaya bien al próximo gobierno. Que termine más viviendas que nosotros. Que siga mejorando los estándares y perfeccionando esta política pública. Hemos trabajado con ese horizonte horizontal sistemáticamente.


No hay espacio para mezquindades. Nuestra prioridad son las familias. Por eso estamos dejando 179 mil viviendas en desarrollo hoy día. 179 mil viviendas en marcha para el próximo gobierno, que podrán ser entregadas en los próximos años. El gobierno anterior nos dejó 118. Michelle Bachelet le dejó al gobierno anterior 88 mil. Nosotros estamos dejando 179 mil más 40 mil viviendas que están en las DOM.


Reducir el déficit habitacional y responder a las familias que no tienen vivienda en un país con casi 35 mil dólares per cápita en una tarea de Estado, que no parte de cero, cada cuatro años. Es un continuo, es una rueda que debe girar sin descanso. En esa perspectiva, las exigencias a la política son y serán muchísimo más altas.


Los tiempos que vivimos son especialmente complejos. Pareciera que el diálogo no tiene mucho rating en estos días. Tampoco la reflexión. Pese a que entenderse cuesta, la lección que sacamos es que se avanza cuando hay acuerdo, cuando hay conversación, cuando se quiere trabajar con otros y no solamente con los que piensan como uno.


Nuestra motivación es y será mejorar las condiciones de vida de las chilenas y chilenos. Las decisiones que se toman no son inocuas. No podríamos haber entregado viviendas de calidad y con acceso a servicios si no hubiéramos tenido la posibilidad de gestionar suelos bien ubicados.


Me preocupa mucho el anuncio del próximo gobierno de liberalizar el suelo. Esa medida se implementó durante la dictadura, entre 1979 y 1985, suponiendo que liberalizando el suelo bajaría el valor del suelo y las viviendas. Eso nunca pasó. Al contrario, aumentó el precio del suelo porque era mucho mejor negocio, como el de las viviendas. Y tuvieron que retroceder. Esperamos el detalle de la propuesta que está detrás de este planteamiento.


Quiero hacer una mención muy especial a los dirigentes sociales. Mi vida política empezó en una junta de vecinos cuando tenía 14 años, en San José de la Estrella, en La Florida. Mi cercanía al mundo social se mantuvo a lo largo de los años, durante la dictadura y también en democracia. Ha sido uno de los principales focos de mi trabajo. Soy un convencido de su importancia.


Los y las dirigentas sociales especialmente son claves si queremos vivir en comunidad, si queremos fortalecer la vida en sociedad, si queremos atender las bases de la inseguridad que vivimos, si queremos desarrollar la democracia. Esa es una de las razones que nos llevaron a asumir con decisión la formación y el fortalecimiento de los dirigentes sociales.


Más de 25 mil personas, y sobre todo mujeres, participaron en instancias de formación promovidas durante esta gestión. Me emociona ver el orgullo que sienten cuando adquieren más herramientas para cumplir su función. Aquí tenemos algunas de la dirigentas que estudiaron Administración de Empresas, con mención en Gestión Pública en la USACH.


Estoy convencido y le digo a todos, a los políticos y a todos, por lo que hemos visto y vivido más a fondo en este tiempo, de que emerge una generación de dirigentes sociales sobresaliente, llamada a jugar un rol muy importante en el país, en nuestra democracia, en nuestro futuro. Ellas tienen fuerza para denunciar la desigualdad y los abusos, con ganas de empujar proyectos y respuestas a los problemas, con un sentido de país, con un sentido de que la política es algo noble, y de distintos colores políticos, con un sentido de responsabilidad sobre el país. Ustedes, dirigentas que hay acá muchas de ellas, son la esperanza para la construcción de un país mejor.


Los que me conocen saben que soy muy autocrítico. Esto puede haber afectado sensibilidades. No fue mi intención. He tratado de cambiar esa visión planteando que lo que hago es una valoración crítica. Puedo valorar y, en ese marco, criticar. No es solo crítica.


Estoy consciente de que nos quedaron muchas cosas por hacer, que nos habría gustado responder a más familias y también no haber cometido errores. Pero sería injusto no reconocer los logros de este período.


Esta es la última vez que les hablo como ministro. En estos días me han preguntado mucho si voy a dejar la política. La política ha sido mi vocación desde muy temprano. Para mí ha sido el espacio natural para empujar cambios en Chile, para mejorar el país. Alguien no se retira si tiene esperanza, si tiene energía para seguir aportando a la construcción de un país mejor. Dejo la primera línea, pero no la política. Nos veremos pronto.


Me voy muy contento por lo que hemos hecho colectivamente. Nos costó. Por momentos pareció que no llegábamos, pero lo hicimos. Juntos lo hicimos. Que nadie nos quite la alegría merecida por lo que hemos avanzado.


El Plan de Emergencia Habitacional marca un antes y un después.


Todas las dificultades que tuvimos en el camino se desdibujan con la satisfacción de haber llegado a más de 260 mil familias en este período. Ver cómo les cambia la vida a miles de hombres, mujeres, niñas y niños es invaluable. Como dijo una dirigenta la semana pasada en Pudahuel: “la meta no es solo un número, hay familias detrás”.


Quiero agradecer una vez más a las divisiones, los equipos directivos, las Seremi, los Serviu y a todas y cada uno de los funcionarios y funcionarias del Minvu. A los empresarios que aceptaron este desafío. A los trabajadores que colaboraron en esta tarea. A las dirigentas y dirigentes sociales que no se dieron por vencidos hasta tener su casa. Al Consejo Asesor del Plan de Emergencia Habitacional, donde líderes diversos, de distintas visiones, distintas experiencias, distintas trayectorias, dialogaron, discutieron e hicieron aportes fundamentales. Y quiero agradecer a todo el gabinete a través de los que aquí están presentes.


Agradezco muy especialmente a mi compañera de vida, Gloria Cruz, por su constante apoyo. Fueron años muy complejos para nosotros como familia y su permanente respaldo, consejo y compañía fue fundamental para llevar adelante esta tarea.


En especial, le agradezco a usted, Presidente, que haya relevado la importancia de la vivienda y de los barrios en su gobierno. Le agradezco su apoyo en estos cuatro años y le agradezco profundamente que haya confiado en mí para ser su ministro y encabezar este desafío.


Muchas gracias.

europapress