Buscando retornos y diversificación en un escenario con menores tasas de interés

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Jorge Herrera

De manera paulatina, pero previsible, las condiciones de las tasas de interés y para el mercado de renta fija a nivel nacional han cambiado. Posterior a la pandemia se produjeron brotes inflacionarios que no veíamos hace mucho tiempo. Por un lado, debido a una menor oferta, problemas logísticos derivados de los encierros y la reducción de la producción; pero, por otro, también por un aumento significativo del consumo interno, impulsado por los planes de ayuda para mitigar los efectos de la crisis sanitaria y por los retiros de fondos previsionales, que incrementaron de manera relevante la liquidez y el poder adquisitivo de las personas.


El alza en la inflación producto de estos eventos fue muy relevante, con una inflación que llegó a más que cuadruplicar la meta del 3% del Banco Central al empinarse a mediados de 2022 hasta un máximo que superó el nivel de 14%, cifras que no se veían hace muchísimo tiempo y que creíamos que eran parte de las curiosidades de la historia económica. Y no fuimos los únicos en pasar por esto, ya que, en Estados Unidos, la principal economía del mundo, también se vieron inflaciones que superaron largamente la meta de la Reserva Federal.


Centrándonos en lo local, el Banco Central de Chile, en la búsqueda de dar cumplimiento a su mandato de estabilidad de precios con un objetivo inflacionario del 3% (enmarcado en un rango entre 2% y el 4%) siguió la receta clásica y subió de manera relevante la tasa de política monetaria. Afortunadamente, la inflación cedió. De hecho, actualmente el panorama se ha normalizado bastante, con un índice que se encuentra convergiendo hacia su meta, cosa que podría ocurrir este primer trimestre de 2026. El descenso de la inflación ha dado el espacio suficiente al Banco Central para llevar adelante un largo ciclo de recortes de tasa de política monetaria, el cual estaría próximo a llegar a su fin, toda vez que ya nos encontramos bastante cerca del punto considerado como “neutral”, y que se estima ronda el 4,25%. Pensando que actualmente la TPM en Chile se ubica en un 4,50%, solo quedaría un recorte de 25 puntos en el horizonte para llegar a aquel valor.


Todo lo anterior ha traído una serie de cambios de escenario a nivel de inversiones en la renta fija local. Para empezar, los recortes en la tasa de política monetaria han ido restando progresivamente el atractivo de los depósitos a plazo. Recordemos que hace no tanto tiempo (finales de 2022 y principios de 2023), éstos se encontraban rentando más de un 11% para plazos entre 30 y 90 días, algo claramente bastante anómalo, pensando que se trata de instrumentos con un riesgo asociado bajísimo. Pues bien, hoy en día estos instrumentos superan ligeramente el 4%. El tránsito normal de un inversionista que busca compensar parte de ese retorno sin incrementar en demasía la exposición al riesgo es la renta fija, más precisamente bonos. En general la renta fija nacional ha gozado el último tiempo de retornos más que atractivos, alimentados en parte por el tránsito de flujos provenientes de los depósitos a plazo y también con los recortes de tasa de interés por parte del Banco Central como driver, sin embargo, esto último ya se va agotando.


¿Qué paso adicional podríamos tomar para compensar esta menor fuente de retorno? Creemos que hay dos caminos. El primero, dado que nos encontramos en un contexto más normalizado, con inflación bastante controlada y un escenario de mayor tranquilidad luego de las elecciones presidenciales y del parlamento de fines del año pasado, debiésemos buscar algo más de esa yield perdida en duraciones mayores, pensando en la parte más alta del rango que va entre 3 y 5 años, y también a través de una mayor exposición a emisores corporativos y algo menos de gobierno. Esto permitirá renovar esas fuentes de retorno ante una TPM con menor espacio para caer.


El segundo, se puede explorar una clase de activo relacionada a lo anterior, aunque menos usual, pero que como hemos comentado en ocasiones anteriores ofrece un potencial más que interesante. Y este es el de los activos alternativos, más precisamente la deuda privada. Este asset class asoma como interesante por dos razones, y es que (1) por un lado ofrece tasas de retorno más altas que sus pares públicos, entre otras cosas por una liquidez algo más limitada; y (2) entrega una fuente de diversificación relevante, sobre todo de cara a un mundo aún incierto y donde en algunas ocasiones hemos visto que las clases de activos más clásicas como la renta variable y la renta fija han tendido a incrementar sus correlaciones en momentos puntuales de mayor estrés en el mercado.


El escenario de inversiones es por definición cambiante, lo cual hace necesario que constantemente estemos buscando alternativas para nuestras carteras. A medida que avanzan los ciclos económicos y de mercado, se hace necesario ir realizando ciertos ajustes. Los cambios de escenario si bien pueden ser percibidos como un desafío, también presentan oportunidades, y la renta fija local no es la excepción.


Jorge Herrera,

Subgerente de Estrategia de Inversión de Principal




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