Sr. Director,
La discusión en torno a la llamada “tensión migratoria” revela un desafío mayor para el Estado. Cuando el debate se instala exclusivamente desde el conflicto, obviando la distancia entre lo que se cree y lo que efectivamente ocurre, se corre el riesgo de simplificar un fenómeno complejo y de trasladar a la migración responsabilidades que en realidad son estructurales.
Las fricciones sociales no surgen de manera espontánea. El informe Índice de Tensión Migratoria en la Región Metropolitana -entregado la semana pasada- evidencia que el malestar se intensifica en contextos de escasez material: allí donde existen déficits persistentes en vivienda, servicios públicos y presencia institucional. En esos contextos, la convivencia cotidiana se vuelve más frágil y cualquier cambio demográfico se percibe como una amenaza. La migración aparece menos como causa del conflicto y más como un factor que se inserta en desigualdades estructurales preexistentes
Si el diagnóstico es correcto, la respuesta también debe serlo. El desafío: fortalecer políticas públicas territoriales que permitan gestionar la diversidad social de forma sostenible. La migración debiera leerse como una realidad que exige planificación, coordinación estatal y una mirada de largo plazo.
Glorimar León
Profesora Investigadora, Facultad de Derecho
Universidad Autónoma de Chile