La neuróloga infantil del Hospital Ruber Internacional Gloria López ha alertado sobre los mitos del síndrome de Asperger, como la falsa idea de que implica ausencia de empatía, y ha destacado la importancia de que estas personas reciban un acompañamiento clínico adecuado y tengan un entorno que respete su manera de percibir y procesar el mundo.
"Las personas con Asperger no carecen de empatía. A veces tienen dificultades para interpretar las emociones de inmediato, pero sienten con gran intensidad y profundidad", ha explicado López.
Otra confusión frecuente es asociarlo exclusivamente a capacidades excepcionales. "No todas las personas con Asperger tienen talentos extraordinarios. Existen tantos perfiles como personas, y los estereotipos distorsionan la realidad", subraya López.
La especialista también indica que no todos los síntomas visibles se explican por el autismo. "La ansiedad y el TDAH son comorbilidades frecuentes, y deben evaluarse de forma independiente. Su abordaje -que combina psicoeducación, ajustes del entorno y, en algunos casos, medicación- es clave para mejorar la calidad de vida", ha agregado.
En España, las estimaciones actuales sugieren que alrededor de 450.000 personas se encuentran dentro del trastorno del espectro autista (TEA), una condición del neurodesarrollo cuya prevalencia se sitúa en torno al 1 por ciento de la población, según los datos disponibles del Centro Español sobre el Trastorno del Espectro del Autismo. Dentro de este espectro amplio y heterogéneo, el perfil tradicionalmente conocido como síndrome de Asperger podría representar entre el 18 y el 27 por ciento de los casos, según diferentes estudios epidemiológicos.
A pesar de su frecuencia, persisten dudas y concepciones erróneas en torno a esta condición, que desde 2013, con la publicación del DSM-5, dejó de considerarse un diagnóstico independiente para integrarse dentro del trastorno del espectro autista.
"El término Asperger se utiliza para describir un perfil frecuente dentro del espectro autista, caracterizado habitualmente por la ausencia de discapacidad intelectual, un desarrollo del lenguaje formalmente conservado, intereses muy intensos y una manera particular de interpretar las normas sociales implícitas. No obstante, se trata de un continuo, con una gran variabilidad entre personas", ha detallado la experta.
UN MODO PARTICULAR DE PROCESAR LA INFORMACIÓN
Según la especialista, el Asperger se caracteriza por un patrón cognitivo singular: "El cerebro prioriza ciertos estímulos y presenta mayor dificultad para integrar de forma automática las convenciones sociales implícitas, pero puede mostrar una extraordinaria capacidad para el detalle, la lógica o la memoria".
Estas diferencias no implican menor gravedad. La doctora recuerda que no se trata de un trastorno leve, ya que muchas personas experimentan sufrimiento significativo derivado de la incomprensión, el aislamiento o la sobrecarga sensorial. "Necesitan un acompañamiento clínico y educativo adecuado y un entorno que respete su manera de percibir y procesar el mundo", ha añadido.
"El objetivo no es cambiar quiénes son, sino acompañarlos para que puedan desarrollar plenamente su potencial en un mundo que a menudo no está preparado para comprender su forma de pensar y relacionarse", concluye la doctora.