Sr. Director,
La reciente entrega del Nobel de Economía a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt nos recuerda que el crecimiento sostenido no llega por azar. Sus teorías se centran en dos ideas esenciales: la innovación radical, que implica cambios profundos capaces de transformar industrias y crear nuevos sectores productivos, y la destrucción creativa, el proceso mediante el cual tecnologías y empresas obsoletas son reemplazadas por otras más eficientes.
Chile enfrenta el desafío de activar esos motores. Aunque existen avances en ciencia y emprendimiento, la economía sigue dependiendo de sectores basados en recursos naturales y de la adopción de tecnologías externas. Parte del conocimiento generado en universidades y centros de investigación no logra transformarse en innovación productiva, lo que evidencia la necesidad de fortalecer los vínculos entre academia, empresa y Estado.
Tampoco ocurre plenamente la destrucción creativa: la burocracia y la falta de competencia limitan la renovación empresarial. En este contexto, la inteligencia artificial puede marcar un punto de inflexión, al permitir que nuevas empresas innoven, compitan y generen productividad con impacto social.
El mensaje de los Nobel es claro: el desarrollo no ocurre por inercia. Chile debe liberar el conocimiento, invertir en investigación aplicada y abrazar la innovación sin temor al cambio. Solo así podremos construir un crecimiento justo y duradero.
Edwin Pelayo
Académico Facultad de Administración y Negocios
Universidad Autónoma de Chile