Se ha vuelto habitual que los estudiantes lean y escriban únicamente desde dispositivos digitales. No obstante, investigaciones en neurociencia cognitiva han demostrado que leer en papel y escribir a mano activan zonas del cerebro asociadas a una comprensión más profunda, una mayor retención de la información y aprendizajes más duraderos.
Un estudio publicado en The Journal of Educational Research (2018), sobre la comprensión en papel versus pantalla, concluyó que los estudiantes comprenden mejor cuando leen en papel que en pantalla. Investigaciones realizadas por las universidades de Princeton y California (2014) demostraron que tomar apuntes a mano mejora significativamente la capacidad de síntesis y el aprendizaje conceptual. A su vez, un estudio de la Universidad de Valencia (2023) confirmó que la lectura en papel proporciona niveles más altos de comprensión lectora en comparación con la lectura digital.
Frente a esta evidencia, resulta razonable que las instituciones educativas no renuncien al valor pedagógico del libro impreso ni a los beneficios de la escritura manual. La lectura en papel constituye, además, una experiencia sensorial que promueve la concentración, mientras que escribir a mano contribuye al desarrollo de habilidades cognitivas como la atención, la memoria y la capacidad de argumentar con precisión.
Leer y escribir en soportes tradicionales son prácticas que fortalecen la rigurosidad intelectual, una cualidad hoy algo descuidada en nuestra sociedad. En este contexto, debería ser preocupante que el uso creciente de herramientas de inteligencia artificial debilite aún más estos procesos, al reemplazar el trabajo reflexivo y reducir los aprendizajes. Por ello, la lectura en papel y la escritura manual deberían preservarse como prácticas formativas esenciales, ya que delegar todo en lo automatizado empobrece los procesos cognitivos y debilita el desarrollo de habilidades intelectuales más complejas.
Francisco Sólanich Aguirre
Director carrera de Periodismo
Universidad Autónoma