Sr Director,
En un mundo corporativo cada vez más interconectado, pensar que la inteligencia artificial es el único gran desafío que enfrentan los directorios sería, al menos, una visión incompleta. Si bien esta tecnología se ha posicionado con fuerza en la agenda empresarial, la realidad es que los directorios chilenos enfrentan un 2025 lleno de variables críticas que van más allá del fenómeno tecnológico.
En cuanto a los desafíos, estos provienen, sin duda, del avance acelerado de la inteligencia artificial, especialmente en su vertiente generativa. A ello se suman la adopción de prácticas ESG y la integración efectiva de criterios de diversidad e inclusión. Aunque se han registrado avances en estas áreas durante los últimos años, el dinamismo empresarial impuesto por la globalización evidencia que estos esfuerzos aún resultan insuficientes, sobre todo al compararlos con economías más desarrolladas.
Respecto de las preocupaciones, la actual guerra comercial entre Estados Unidos y China perfila a este 2025 como un año de alta volatilidad. La fuerte dependencia comercial de Chile respecto de estas potencias, junto a las señales internacionales de desaceleración e inflación, sumadas a los datos económicos nacionales, debieran llevar a los directorios a actuar con cautela ante un escenario en el que la incertidumbre es lo único seguro.
Otra preocupación importante es el proyecto de reforma tributaria. Si bien su propuesta se encuentra dentro del llamado “Pacto Fiscal”, ha generado dudas en cuanto a sus reales niveles de recaudación y su eventual impacto sobre la inversión y el crecimiento económico. Algunos especialistas han criticado tanto la oportunidad de su implementación como su efectividad. En este contexto, los directorios deben prestar especial atención al impacto financiero y patrimonial que dicha reforma pudiera tener sobre la empresa y el patrimonio de los accionistas que representan, así como también al efecto en la estrategia tributaria, dada la desintegración parcial del sistema que se propone, tanto a nivel corporativo como personal. No es trivial: se requiere un análisis detallado de sus implicancias sobre los impuestos corporativos y personales.
Por su parte, la reciente Ley Marco de Ciberseguridad también demanda una atención prioritaria. Esta normativa obliga a los directorios a asumir un rol activo en la supervisión y gestión de la ciberseguridad en sus organizaciones. Exige establecer estructuras de gobernanza que integren la seguridad de la información, la protección de datos personales y la prevención de ciber amenazas. Resulta clave que los directorios se mantengan informados y destinen los recursos adecuados para cumplir con las crecientes exigencias del entorno digital en el que operan sus empresas.
Como se observa, la agenda 2025 de los directorios va mucho más allá de la inteligencia artificial. Se presenta cargada de desafíos y preocupaciones que se suman a su función principal: dirigir y supervisar la marcha de la empresa, en representación de todos sus accionistas. La tarea será compleja, sin duda, pero también decisiva. Porque en tiempos de incertidumbre, el rol estratégico del directorio se vuelve más relevante que nunca.
Felipe Arenas Torres,
Doctor en Administración de Empresas,
Magíster en Contabilidad y Auditoría,
Académico Facultad de Economía y Negocios,
Universidad de Talca, Chile