Una nueva interpretación de la función del cÃrculo megalÃtico de Stonehenge, en Inglaterra, gracias a la arqueoastronomÃa, permite concluir que no fue utilizado como un calendario solar gigante.
En cambio, su estructura da cuenta de un interés simbólico de los constructores por el ciclo solar, muy probablemente relacionado con las conexiones entre el más allá y el solsticio de invierno en las sociedades neolÃticas.
Asà lo revelan Giulio Magli, profesor del Politécnico de Milán, y Juan Antonio Belmonte, profesor del Instituto de AstrofÃsica de Canarias y de la Universidad de La Laguna, en un artÃculo que han publicado en Antiquity.
La arqueoastronomÃa, que a menudo utiliza imágenes satelitales para estudiar la orientación de los sitios arqueológicos, tiene un papel clave en esta interpretación, ya que Stonehenge exhibe una alineación astronómica con el sol que se refiere tanto al amanecer del solsticio de verano como al atardecer del solsticio de invierno.
En el artÃculo, Magli y Belmonte refutan la teorÃa de que el monumento fue utilizado como un dispositivo calendárico gigante, basado en 365 dÃas por año divididos en 12 meses, con la adición de un año bisiesto cada cuatro, informa el Politécnico de Milán en un comunicado.
Este calendario es idéntico al alejandrino, introducido más de dos milenios después, a finales del siglo I a. C. como combinación del calendario juliano y el calendario civil egipcio. Los autores muestran que esta teorÃa se basa en una serie de interpretaciones forzadas de las conexiones astronómicas del monumento, asà como en numerologÃa discutible y analogÃas sin fundamento.
En primer lugar, Magli y Belmonte se refieren a la astronomÃa: muestran que el lento movimiento del sol en el horizonte en los dÃas próximos a los solsticios hace imposible controlar el correcto funcionamiento del supuesto calendario, como dispositivo (recordemos: compuesto por piedras enormes) deberÃa ser capaz de distinguir posiciones con una precisión de unos pocos minutos de arco, es decir, menos de 1/10 de un grado.
En segundo lugar, la numerologÃa. Atribuir significados a los "números" de un monumento es siempre un procedimiento arriesgado. Por ejemplo, en este caso, un "número clave" del supuesto calendario, el 12, no es reconocible por ninguna parte.
Finalmente, parangones culturales. Una primera elaboración del calendario de 365 más 1 dÃa está documentada en Egipto solo dos milenios después de Stonehenge (y entró en uso siglos más tarde). Además, un trasvase y elaboración de nociones con Egipto ocurrido alrededor del 2600 aC, cuando se levantó Stonehenge, no tiene base arqueológica.