Luis Riveros



Luis Riveros

Estamos corrigiendo hacia atrás, y dominados por nuestros sesgos ideológicos, carentes de un mapa de ruta en ausencia de un diálogo político sobre los próximos 20 años.

Los becarios de doctorado no cuentan con el pago de los compromisos contraídos por CONCICYT y se suspenderán sus ingresos a partir del mes de marzo. Con eso se discontinúa la investigación que llevaban a cabo, y se debilita la integración de la misma en los programas de las universidades y centros respectivos.

Siempre fue el Congreso, a lo largo de nuestra historia, un centro de debate de alto nivel sobre la marcha de la república y el futuro de la Nación. Mucho talento se volcó en su desempeño en momentos cruciales para la Patria. Hoy lo vemos cuestionado por la ciudadanía y ubicado en los últimos lugares en la evaluación ciudadana de las instituciones, dañando a nuestra democracia

Cuando algunos profesores reclaman porque los estudiantes ponen más atención a su celular que a la clase, están revelando la falta de innovación para hacer su enseñanza más atractiva. Las universidades intentan atacar este tipo de problemas en forma consuetudinaria, pero muchas veces se ven restringidas porque las normas de acreditación de carreras inhiben la innovación y favorecen la repetición de lo mismo para así respetar los estándares o “buenas prácticas”.

De acuerdo a las nuevas reglas, la acreditación institucional se hará simultáneamente con aquella de las carreras, las cuales serán seleccionadas arbitrariamente. Es decir, los aparatos centrales de las instituciones deberán multiplicar los recursos dedicados a preparar informes y estadísticas para la acreditación; en instituciones de tamaño mayor, esto significará poco menos que crear una “Facultad de Acreditación y Calidad”.

No se necesitan más partidos, sino mejores partidos capaces de interpretar con legitimidad las inquietudes ciudadanas.

Quienes somos hijos de la educación pública y pudimos progresar en la vida gracias a la formación recibida, somos testimonio vivo de aquello, y espectadores de la destrucción a que le han llevado políticas inconsistentes.

La situación prevaleciente en la Araucanía es de mucha gravedad, de la que a veces no nos percatamos plenamente en el resto de Chile. Es cierto que existe un conflicto de más de dos siglos que no fue efectivamente controlado a partir de la llamada “pacificación”. Es también efectivo que esta situación es hoy aprovechada por grupos violentistas que nada tienen que ver con el pueblo mapuche en su sentido integral.

El ex Presidente Lagos ha llamado a un diálogo para un necesario encuentro nacional en medio del complejo escenario que vive Chile. Asimismo, un partido ha hecho similar llamado a todas las otras agrupaciones políticas para producir una agenda de consenso. Iniciativas loables ambas, que ponen de relieve los graves riesgos que afectan a nuestra sociedad y al país, en medio de un escenario de intolerancia y escasa conducción estratégica. El grave problema, sin embargo, es la falta de credibilidad que tiene el mundo político para concretar una iniciativa de ese tipo.

Esta crisis moral que vive la República amerita un diálogo que no está ocurriendo. Seremos así, la vergüenza para las futuras generaciones porque habremos perdido la oportunidad de construir la felicidad largamente adeudada a los chilenos.