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Luis Riveros |
La ciudadanía necesita con urgencia señales de estabilidad política e institucional, respaldadas por la seriedad de quienes conducen los asuntos públicos.
Asimismo, muchas veces se ha planteado la necesidad de que la misma se aplique en distintas fechas a lo largo del año, y que los estudiantes puedan elegir su mejor puntaje para postular a las carreras, así evitando el innecesario estrés del “DIA DE LA PRUEBA”.
El último trimestre del 2019 presenció una brutal demostración de que en nuestra sociedad algo no está funcionando bien. Y todavía, después de los chocantes episodios de desestabilización política, caos social, destrucción de bienes públicos y privados y crisis policial y delincuencial, hay más de un 60% de los chilenos que piensan que las movilizaciones deben continuar (CADEM 311– última semana de Diciembre).
Una de las materias más trascendentales que ocupa a la autoridad económica en estos días, se refiere al reajuste de remuneraciones del Sector Público.
Varios estallidos simultáneos produjeron la enorme explosión que sorprendió a Chile. Se conectaron unos a otros no sólo por obedecer a factores relacionados, sino también porque se retroalimentaron y se proveyeron mutuamente de una caja de resonancia.
Una crisis de Estado! Es lo que estamos viviendo integrando un cúmulo de problemas que no habían sido correctamente o suficientemente abordados, como es el caso de las políticas sociales.
La ciudad de Santiago, especialmente su centro cívico, luce una grotesca cantidad de rayados, en los que abundan las groserías y las alusiones más inquietantes sobre autoridades e instituciones. Abunda la palabra “muerte” o la acción de “asesinar”, como emblemas de una furia desatada contra la sociedad en su conjunto. Pero llama la atención el grafiti “ACAB” que adorna varios muros de la ciudad de Santiago, y seguramente también en regiones.
A inicios de Agosto del año 2016, ESTRATEGIA publicó la columna que se presenta más abajo. Hace TRES AÑOS ATRÁS se había advertido sobre la crisis en ciernes tanto política como social; simplemente no fue considerada por los estamentos políticos, incluso durante el período de la última campaña Presidencial. Lo grave es que esto pone en evidencia que las opiniones independientes, de académicos u observadores de nuestra realidad nacional, no son siquiera consideradas en los ámbitos en que se toman las decisiones.
El estallido ha sido social en sus fundamentos más esenciales, pero también lo ha sido en lo político y lo emocional. Con lo último me refiero al sentimiento de abandono que expresa gran parte de la población que protesta,
Chile parece haberse descubierto a sí mismo en estos días. Una gran proporción de la población descubre problemas que, no obstante haber estado siempre presentes, ahora adquieren una magnitud real y tangible merced a las multitudinarias protestas.