Luis Riveros



Luis Riveros

Enfrentamos una verdadera catástrofe, la cual amenaza seriamente nuestra existencia y la calidad de vida futura en sociedad. Junto con ella, muchas cosas han llegado para quedarse, puesto que lo que estamos obligadamente practicando nos hará más desconfiados de los demás, y más temerosos sobre el futuro. Eso significará la necesidad de reenfocar nuestra educación hacia la formación de actitudes que contribuyan al mejor vivir en sociedad, instancia que podemos aprovechar para restituir la formación ciudadana que tanto se echó de menos en los últimos meses.

La situación que hoy vive Chile es francamente penosa y nos afectará por largo tiempo. El impacto del Coronavirus ha sido y será significativo en materia del costo humano, cuando se arriesga una cantidad importante de infectados y muertes.

Sobre Chile se ha desencadenado un conjunto de eventos catastróficos, los cuales están afectando seriamente su desenvolvimiento en lo presente y afectando su futuro, especialmente en el campo económico. No obstante, lo que podríamos llamar las “siete plagas” que han atacado a Chile en diversas dimensiones y con distintas intensidades, tienen también manifestación en todos los ámbitos de la vida nacional, incluyendo por cierto el social y político.

¡Se abría el espacio y el tiempo para buscar nuevas verdades! Bajo la guía del maestro, los alumnos ingresaban al año escolar o año académico en la acariciada aspiración de mejorar, de llenar los vacíos en los convencimientos y prácticas propias.

Muchas veces se debatió sin conseguirse resultados relevantes, la necesidad de actualizar y mejorar la educación chilena a todos los niveles.

Nuestra Nación ha sido gestada en medio de acciones violentas, que de alguna manera traducen o reflejan nuestro modo de ser, nuestro ethos nacional. Violencia que, como método social para resolver diferencias, especialmente con relación a temas que tienen que ver con el poder, no ha sido excepcional, sino más bien una cuestión consuetudinaria en nuestra historia. Es posiblemente este legado terrible el que estamos hoy día observando con sorpresa y temor.

El país sobrelleva con amargura y asombro la situación de inconcebible deterioro que sufre el estado de derecho.

Las universidades chilenas son selectivas, puesto que demandan los mejores estudiantes para favorecer su desarrollo profesional y el propio desarrollo institucional.


Durante años hemos fallado en la educación que se otorga a las nuevas generaciones de chilenos. No sólo por sus formalidades contextuales, limitadas por los enfoques de contenidos y una faltante formación de buenos profesores.

Prevalece una enorme desorientación en la ciudadanía, junto con una carencia de liderazgos que muestren un camino para abordar con aplomo republicano la seria crisis institucional que vive Chile.