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Germán Pinto |
Esta connotación tiene la virtud de permitir el debate para poder deducir determinadas partidas, valorando el criterio temporal, pues los efectos en la generación de renta, es decir, el potencial del gasto para producir un ingreso afecto a tributación, no será necesario que se evidencie en el mismo ejercicio en que se incurre en el gasto, sino que será posible verificarlo en los siguientes.
El proyecto de ley de reforma tributaria que salió de la Cámara de Diputados tiene aspectos muy particulares que evidencian que, desde agosto del año 2018, cuando comenzó este periplo legislativo, hasta agosto del presente año, se ha hablado mucho y se ha legislado poco, como también se ha debatido mínimamente y, lo más lamentable, no se han ventilado argumentos técnicos, tal como ya lo he señalado en otras columnas.
Resulta interesante analizar el tipo de “apoyo” que este partido, otrora baluarte de la clase media y válvula política que permitía morigerar las demandas de la izquierda y que lograba la apertura de la derecha hacia una mayor justicia social, y que hoy día nuevamente se muestra como esa bisagra que permitirá el acercamiento entre la “tributaria de derecha” y la “tributaria de izquierda” (parafraseando al senador Francisco Huenchumilla).
Se logró un acuerdo entre la Democracia Cristiana y el Gobierno, evidenciando que las posiciones antagónicas están atrincheradas en fundamentos ideológicos y no técnicos. Es más, en la misma Democracia Cristiana hay voces disidentes como la del senador Francisco Huenchumilla quien ha dicho expresamente que la disputa en la discusión del proyecto de ley está entre la derecha y la izquierda. Sin embargo, hay que reconocer que el senador ha hecho un esfuerzo y ha adorando su diatriba con términos técnicos, pero que están total y absolutamente equivocados.
Los empresarios necesitan saber qué carga tributaria se aplicará a los esperados proyectos de inversión que se necesitan para reactivar la economía, más aún cuando se ha manifestado que el año 2019 será un año con volatilidades e incertidumbre, motivo por el cual, es justo que ellos pidan que, por lo menos en su país, no les cambien las tasas de impuestos ni, lo más importante, aumentando la complejidad en el sistema tributario.
Me parece una verdadera burla como ciudadano, pues fue la Reforma Tributaria 2014/2016 la que estableció la rebaja de la carga máxima de las personas naturales de un 40% a un 35% vigente en la actualidad, y ahora viene el mismo sector que concibió tal modificación a proponer volver atrás con esa carga tributaria.
Hago un llamado a los parlamentarios a instruirse en la materia y manifestar opiniones con un sustento más allá que la necesidad de llamar la atención a las luces de las cámaras de los periodistas.
Sin duda que la Autoridad quiere lograr una eficiencia en el sistema tributario, pero las herramientas que está anunciando inicialmente, continúan con las enmarañadas disposiciones que pretende corregir.
Este incremento en las discrepancias se debe a la excesiva e innecesaria carga de trabajo que el Servicio aplicó sobre los contribuyentes y que el Colegio de Contadores de Chile A.G. ha manifestado en distintas ocasiones y el SII ha hecho oídos sordos.
Si bien el acopio de información es un criterio sugerido por la OCDE, no es menos cierto que el demandar tanta información solo saturará a los sistemas del organismo fiscalizador de información errada, pues el mismo SII ha permitido que se envíen declaraciones juradas en las fechas predefinidas, pero con la posibilidad de corregirlas posteriormente sin la aplicación de multas.