​Por qué los datos son el nuevo petróleo de la economía

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Alfredo Barriga


En dos números de mayo de 2017, The Economist ponía en su portada a los datos como el nuevo petróleo de la economía, en el sentido que ocupan el mismo rol e importancia en la economía del siglo 21 que el petróleo hizo en la economía del siglo 20. Cuatro años después, para nadie es ya un secreto que es en los datos donde está el valor intangible más grande y a la vez más importante de las empresas, los gobiernos y la sociedad como un todo. Y – como en muchos otros aspectos relacionados con la era digital – América Latina está quedando muy rezagada en esta materia.

¿Por qué los datos se consideran el “nuevo petróleo” de la economía? Los datos son para este siglo lo que el petróleo fue para el anterior: un motor de crecimiento y cambio. Los flujos de datos han creado una nueva infraestructura, nuevos negocios, nuevos monopolios, nuevas políticas y, fundamentalmente, nuevas economías. La información digital es diferente a cualquier recurso anterior; se extrae, “refina”, valora, compra y vende de distintas formas. Cambia las reglas de los mercados y exige nuevos enfoques de los reguladores. Se librarán muchas batallas sobre quién debe poseer y beneficiarse de los datos.

De ahí la importancia del llamado “Gobierno de Datos” (el ejercicio de autoridad y control sobre la gestión de activos de datos). Los datos pasan a ser un activo, un bien estratégico. Empresas en América Latina que hayan adoptado un Gobierno de Datos son contadas con los dedos de la mano. Estados de América Latina que hayan adoptado un Gobierno de Datos, no hay.

¿Qué hay para las empresas? Hoy los negocios se llevan a cabo con proyecciones y “gut feeling”. Con el gobierno de datos se pueden llevar a cabo con predicciones y “gut feeling”. Este último pasa a estar en otra dimensión. Las oportunidades aparecen donde nunca se habían visto antes. Las posibilidades de mejorar la eficiencia de las operaciones se multiplican en órdenes de magnitud. El “customer journey” queda patente y claro. La experiencia de cliente es a otro nivel.

¿Qué hay para los Estados? Son los principales generadores de datos, pero están dispersos, en formatos distintos, muchísimas veces duplicados, y en no pocas veces son contradictorios. Sin embargo, el potencial es gigantesco: para la generación, seguimiento y evaluación de políticas públicas; para saber qué fue bien y por qué; para basar los presupuestos de la nación en predicciones más que en pura política; para hacer más eficiente y focalizado el gasto público; para abrir los datos a la sociedad y que sea ésta la que los explote y genere propuestas de valor que beneficien a todos. La lista es interminable. Si el Estado fuese capaz de generar un único “Data Lake” (herramienta que permite juntar los datos desde distintas fuentes para explotarlos de diversa forma) se tendría un Estado más eficiente, focalizado, y transparente.

Hay dos grandes impedimentos a la adopción de una cultura de datos, tanto en las empresas como en el Estado: la compartimentación - por la cual en vez de una organización comunicada se tiene una organización formada por silos que no conversan entre sí – y la ignorancia del poder de los datos predictivos: usamos los datos para ver el pasado y tomar decisiones. Las organizaciones data-driven los utilizan además para ver el futuro y tomar mejores decisiones.


Alfredo Barriga

Profesor UDP

Autor “Futuro Presente: cómo la nueva Revolución Digital afectará mi vida” (Amazon)