​¿Es necesario abrir un proceso de salida ante un eventual fracaso de la Convención Constitucional?

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Rodrigo Barcia

En estos días se discute si el constituyente Rodrigo Rojas Vera debería ser destituido o de si debe renunciar y dicha renuncia debe ser aceptada. El motivo de su eventual destitución o renuncia estaría dado a que mintió respecto de estar enfermo de cáncer. Independientemente de “las razones legales”, que se señalan para que no pueda renunciar, no se puede dejar de lado las verdaderas razones que motivan esta interpretación “legal o mosaica”. Los independientes de llegar a faltar, por cualquier causa, no son reemplazables en sus cupos, por lo que para los conglomerados de izquierda la eventual renuncia o destitución de Rojas significará la pérdida de un cupo. Ello es bastante lógico porque la gente que vota por un independiente lo hace por sus rasgos personales, y no tanto por su proyecto político. Así, la gente votó por Rojas dada su particular mezcla entre personalidad, historia, enfermedad, y naturalmente su posición política; pero sus ideas no se ven reflejadas en ningún partido político. Eso es precisamente lo que distingue a “una lista de candidatos independientes”. En resumidas cuentas, la categoría de independiente, hace que de generase una vacancia su cupo no sea sustituible. Por ello la izquierda se adelanta en señalar ingeniosas interpretaciones a favor de una suerte de “irrenunciable” del cargo o vacío legal en torno a su destitución. Una muestra más de la falta de “fair play” de todo este proceso. La falta de lealtad con la democracia es tan evidente, y lamentablemente los chilenos seguimos aferrándonos a un proceso constitucional que partió muy mal. No me refiero sólo a la violencia que lo generó, ni tampoco a los sucesivos escándalos a que ha dado lugar la Convención, -como el intento de aplicación de una ética fascista a los opositores (mediante un reglamento de ética que pretende excluirlos, acá naturalmente la interpretación deja de ser “legal o mosaica”); el aumento de sus sueldos de forma indirecta (a través de asesores, cuando los asesores deben ser por bancada y no directamente por constituyente)-, sino a la forma en que se ha llevado a cabo el proceso en sí mismo.

De partida, no se debe olvidar, que el plebiscito se inicia en pleno confinamiento (la votación se produce el primer fin de semana después de una larga cuarentana), y trae aparejada una votación realmente paupérrima. La votación del apruebo, en el plebiscito, si bien fue del 80%, se debe calcular sobre el 38% de los votantes (sólo fue a votar el 40% de los votantes, a lo que se le deben restar los votos nulos y en blanco), lo que da sólo un 30,4% de los votantes. Así que se está cambiando el modelo económico, social y cultural del país, a través de una nueva constitución, con el acuerdo de sólo el 30,4 % de los votantes. Esto sería algo a discutir en cualquier país del mundo. Acá en cambio el proceso de legitimidad en el respaldo ciudadano se ha maquillado a través de sucesivas cuñas (elección de la presidenta Loncón, idea de llevar a cabo plebiscitos locales, etc.) Pero además al problema de legitimidad de origen (que no es menor), se le suma un procedimiento de elección de constituyentes muy poco representativo. Fijémonos en las cifras, del plebiscito. La Lista del Pueblo, independientemente de su nombre, obtuvo 27 de los 155 escaños de la Convención Constitucional, o sea, el 17,4%, por tanto, se constituyó como una de las principales fuerzas de la Convención. Lo cierto es que, en general, se puede apreciar que los candidatos de esta lista tienen una votación nacional aún más paupérrima. Veamos la votación de la Ex Lista del Pueblo en sus dos extremos, desde el constituyente que obtuvo menos votos al que obtuvo más votos: la constituyente que obtuvo una menor votación fue Elisa Giustinianovich, del Distrito 26, con 4.262 votos (un 7,82% de la votación), y el constituyente que obtuvo mejor votación fue Francisco Caamaño, del Distrito 14 – (R. Metropolitana) con solo 26.797 votos (con un 8,84% de la votación). El mentado Rodrigo Ernesto Rojas Vade, 37 años, técnico prevención aeronáutico, obtuvo 19.312 votos (8,40% de la votación), en el Distrito 13 - R. Metropolitana. Muchos dirán que estas son las reglas que se dieron democráticamente para cambiar la constitución, pero el punto es que se trata de un evidente proceso poco representativo. Y ello como se está comenzado a develar está afectando al proceso propiamente tal. No se trata de sólo un problema procedimental, sino también de fondo (a veces la forma es el fondo). La falta de rigurosidad, generosidad y altura de miras, que es lo que falla en la Convención Constitucional, es deudora de estas faltas de ingeniería electoral.

La salida a este proceso es de difícil solución. Obviamente que una posibilidad es el rechazo a la Nueva Constitución en el plebiscito de salida, pero algo menos drástico podría ser un re-encausamiento del proceso (esta idea seguramente comenzará a germinar una vez que veamos los resultados de fondo del proceso constitucional). Naturalmente que una solución de esta clase no sólo exige inteligencia y generosidad de los partidos políticos, sino robustez ante la opinión pública. Por lo que esta salida se ve difícil. Pero un gran acuerdo nacional, ante un eventual fracaso del Constituyente, es un camino que tal vez deberíamos comenzar a ver cada vez más cercano.


Rodrigo Barcia Lehmann.

Abogado, doctor en Derecho y magister en Economía.