Los Picapiedras

|

Javier FuenzalidaHace años que el congreso y el ejecutivo pingponean un proyecto de ley para modificar el sistema registral, notarios y conservadores. En 2012 se dictó con mucha oposición la ley que creó la firma electrónica y desde del 2018 vaga por el congreso un proyecto para modificar el sistema registral, contra la opinión de notarios y conservadores que defienden su oligopolio legal, que como todos los sectores no competitivos, es costoso e ineficiente. En 1964 se dictó la primera ley sobre libre competencia, DFL 211, que define los mercados competitivos, las sanciones a las conductas anticompetitivas y crea la autoridad que debe velar por su respecto. En este caso, la FNE ha sido pasiva.


Así, aún están vigentes leyes que violan la competencia. Mercados incompletos, imperfectos, sin sanciones. El estado no corrige las externalidades negativas, permite la asimetría de información, selección adversa y el riesgo moral. Resultado, los 450 comerciantes de la fe gozan de rentas monopólica extraída de los usuarios en exceso a la justa remuneración que percibirían de existir un mercado competitivo.


Su existencia, institucionalidad y supervisión está regulada por el Código Orgánico de Tribunales. Aun cuando son funcionarios del poder judicial, su remuneración, a diferentes de jueces, y magistrados sus funcionarios, la pagan los usuarios. Imagínese si quienes recurren a los tribunales tuvieran que pagar de su bolsillo la justicia.


Lamentablemente, las notarías y conservadores han permanecido como en la edad de piedra para felicidad de cerca de 450 privilegiados que, siendo funcionarios públicos extravagantes, ofrecen dar fe respecto a los que declaramos (pero que no de su veracidad). La ley fija su número y jurisdicción, el nombramiento es arbitrario, no hay concurso y los precios los fija el estado por un escueto decreto sin mayor justificación técnica y económica. Todo un descaro. No es un misterio que hay notarios que han llegado a serlo por amistad o parentesco con miembros del poder judicial. La innovación no está en sus mentes. Hace poco una notaría fue amonestada por usar un medio digital, la biometría, en un tramite por internet, sin presencia física.


El servicio está lejos de ser eficiente. La famosa frase que encabeza sus actos “ante mi” se ha transformado en una farsa porque no siempre está presente junto a los que acuden hasta su negocio o es sustituido por un funcionario de profesión desconocida o mira por una ventanilla a distancia para ver si la foto de la cédula de identidad corresponde a la de las personas que está detrás del mostrador a varios metros de distancia (ojo de lince). Los miles de documentos de créditos, hipotecas y otros se legalizan sin la presencia de sus suscriptores.


Afortunadamente, el avance de la informática ha mejorado notablemente la competitividad porque los costos de entrada y operaciones son cada vez más bajos, y la oferta de bienes y servicios es cada vez más amplia. No es el caso de los notarios y conservadores.


Uno de los productos más notables que ya lleva casi una década en uso son los “blockchain” o sistema encadenado de registros mediante el cual la información o documento registrados al momento de subirlos al sistema quedan automáticamente replicados en un gran número indeterminado de otros registros de tal modo que si alguien deseara unilateralmente alterar su contenido, tendría que hacerlo en los miles de documentos que respaldan el original, algo que es prácticamente imposible porque habría que, por lo menos, conocer las direcciones de cada uno de ellos.


Así, el blockchain es una tecnología mucho más segura que el secreto notarial que depende exclusivamente del cuidado de quienes administran el sistema. Los actos registrales son caros por la renta monopólica legalizada en abierta violación del DL 211. Además, es poco eficiente y riesgoso (el reciente caso de la falsificación de firmas del fallecido notario Zaldívar).


El estado nunca se le ha ocurrido examinar cómo funciona el mercado registral en otros países .Desde hace varios años se encuentra en pleno funcionamiento en Malta, México, Emiratos, Suiza, Singapur, Rusia, Estonia Suecia, Israel, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Islandia. Cuando se creó la firma electrónica y documentos digitales el sindicato notarial abogó por su insensatez y por las falsificaciones que se producirían, cosa que no ha ocurrido.


Si se permite esta innovación podremos dar un salto en la civilización pasar de la edad de piedra a la edad del conocimiento y desterrar a los notarios Pedro, Wilma, Pablo, Bam Bam, Betty y los demás Picapiedra que ya son figuras de museo.



Javier Fuenzalida A.

javierfuenzalidaopina blogspot

javier fuenzalida asmussen linkedin