La verdad es que invertir ya no es un privilegio de Wall Street ni de los más ricos. Con un smartphone y educación financiera, cualquiera puede hacer que su dinero trabaje para sí mismo.
La competencia es abierta y agresiva: Australia, Canadá, EE.UU., Perú, RD Congo, Argentina, Botswana e incluso Mongolia están capturando inversión con una legislación ambiental más predecible, incentivos claros a la exploración, mayor flexibilidad laboral e incentivos fiscales, que van desde exenciones hasta invariabilidad tributaria por 30 años.
Este año lo confirmamos con fuerza. En distintas iniciativas que se desplegaron a lo largo del país, vimos cómo la colaboración deja de ser un concepto abstracto para transformarse en experiencia concreta.
Las cifras hablan por sí solas: entre 2022 y 2024, el aporte del turismo al PIB aumentó de un 2,3% a un 3,0% y, en ese mismo período, la llegada de turistas extranjeros casi se triplicó, superando los 5,2 millones de personas.
Si queremos un país más ágil no podemos quedarnos esperando. El motor de cambio somos nosotros, la sociedad que crea y se atreve.
A partir del ejercicio 2026, las compañías de mayor tamaño deberán cuantificar y reportar no solo los impactos que generan sobre el medioambiente y la sociedad, sino también los efectos del cambio climático sobre sus propios estados financieros.
Evaluar estos elementos de manera integral permite tomar decisiones informadas y alineadas con el bienestar y las metas profesionales de cada persona.
Hoy, Chile vive una paradoja. Producto de nuestra amplia cobertura de internet y acceso a equipos móviles, hemos sido de los países más rápidos de la región en acercarnos a la inteligencia artificial, sin embargo, somos uno de los últimos de la OCDE en habilidades básicas de su población adulta.
A veces es solo la carnada. Hay que regalar la herramienta o el ecosistema, y monetizar lo que se construye sobre ello.
La identidad ya no se define únicamente en espacios familiares, escolares o laborales. Hoy se expresa —y muchas veces se construye— en redes sociales. Lo que mostramos, lo que publicamos, lo que otros ven de nosotros, forma parte activa de nuestra subjetividad.
El riesgo es que esta revolución tecnológica profundice las brechas territoriales. Es más, vemos los síntomas en las cifras locales: Tarapacá registra un 8% de desocupación y una tasa de informalidad del 29.7%. No podemos permitir un “centralismo digital”, donde las habilidades avanzadas se concentren en la capital, mientras las regiones lidian con la obsolescencia.
Las inversiones por niño son significativamente menores en comparación con otros países de la OCDE, y muchas veces las medidas en beneficio de la infancia quedan entrampadas por diversas razones. Poner a los niños primero requiere más que buenas intenciones: exige, coherencia, colaboración y coordinación en torno a este gran propósito.
Implementar una solución tecnológica no es sólo “instalar un sistema”, es acompañar a una organización completa en un proceso de cambio. Y eso requiere tiempo, empatía y mucha escucha, porque cada empresa tiene su propia cultura, sus formas de trabajar, sus miedos y también sus fortalezas.
El contraejemplo también enseña: Estación Central acumula oferta y precios bajos, pero la percepción de delincuencia enfría la demanda. La conectividad no basta si la gente no se siente segura. Esa señal debería estar en el primer slide de cualquier comité de inversión.
Ante un escenario como el actual, fomentar y promover el desarrollo, la inversión y el crecimiento es de la mayor importancia. Pero no cualquier tipo de crecimiento, sino un crecimiento que sea políticamente inclusivo, socialmente viable y ambientalmente sustentable.
Nos estamos acercando a un mundo donde los robots asumen lo duro, y los humanos nos concentramos en lo espiritual, creativo y emocional.
El impacto de este lema, se entiende mejor cuando se traslada a la vida real de los territorios. Significa, por ejemplo, que una comunidad rural pueda digitalizar su oferta turística y acceder a mercados globales.
Quienes promueven la flexibilización sostienen que la medida agilizaría investigaciones y pondría a Chile en sintonía con prácticas internacionales. Pero ese argumento exige matices, porque el modelo estadounidense —frecuentemente invocado como ejemplo— no funciona precisamente como quieren presentarlo.
El dilema es complejo. Por un lado, estos sistemas pueden ser profundamente útiles. Para personas mayores, para quienes atraviesan situaciones de aislamiento, para quienes no pueden verbalizar sus emociones fácilmente, la compañía artificial puede aliviar el silencio. Puede contener, puede cuidar, puede ayudar, como Pepper.
El derecho chileno, en consonancia con los estándares internacionales, protege la libertad de expresión como piedra angular de la democracia, permitiendo sanciones ex post, pero nunca prohibiciones anticipadas que conlleven censura previa.